Carmen Janeiro, a las claras: 'Lo de 'Ambiciones' es un culebrón que supera cualquier ficción'

—Pues no debe ser fácil sentarse a la misma mesa sin dirigirse la palabra. En ese sentido, de «hogar dulce hogar » «Ambiciones » tiene muy poco,, por no decir nada.
—Es que si él está sentado a la mesa o se va a sentar, yo no me siento. Mi madre y yo comemos en la barra que hay al lado o esperamos a que él termine de comer. Coincidir sí coincidimos, porque está todo en el mismo salón. No es que yo vaya siempre a «Ambiciones »,puesto que tengo mi casa, pero cuando mi madre está sola me acerco para estar con ella. Para mi madre es muy fuerte encontrárselo por la casa y tener que verle la cara.
—Pero tú puedes convencerla de que es por poco tiempo, de que ya no tienen nada que ver con él, de que es libre en ese sentido...
—Sí. Pero por eso no deja de doler mucho que tú (que ella)estés en casa con tus amigas y que te digan que tal día estaba en tal sitio con ésta y con la otra, y que, al rato, llegue él y suelte la ropa en un rincón para que tú se la laves y que después le tengas que poner un plato de comida en la mesa. Eso sencillamente es ya un pitorreo. Eso no lo puede aguantar nadie, por favor.
—Y claro, Jesús, el protagonista de esta «novela realidad »,tendrá que estar a bien con los dos, con tu padre y con tu madre,¿no? Su situación, en ese sentido, no deja de ser delicada, Carmen.
—Es difícil y es delicado porque Jesús quiere. Te digo una cosa: a mi padre le eché de mi casa. De la mía. Venía de vez en cuando a verme y un día le dije que aquí no pusiera un pie más (y él sabe muy bien por qué se lo dije).Es mucho el daño que le está haciendo a mi madre. Es muy cruel con ella y con nosotros. Va a lo suyo, a su vida y a su dinero. El resto le da todo igual.
—¿Para ti las culpables son supuestamente Angelita, Camila...?
—El primer culpable es él, sin duda alguna. Claro que esas señoras (por llamarlas de alguna manera) no se pueden ir de rositas, ni son unas pobrecitas: también tienen lo suyo. Y cuando están con mi padre por algo será. Porque él no es un chaval, ni es Robert Redford.
—Dicen —no ellas: me refiero a que «se dice »— que tiene labia,,que se «enrolla » muy bien. Vamos, que es un conquistador, Carmen.
—Lo que tiene es dinero y creo —no lo aseguro — que se lo pueden sacar de una forma u otra. El día que se quede tieso (de dinero, se entiende)verás cómo ni lo miran. Pero, en fin, me da igual: yo de esas personas prefiero no opinar.
—Por cierto, últimamente ha aparecido un nuevo personaje en el «culebrón », una hermana de tu madre, que, más o menos, viene a contar lo que tu madre no ha contado o ha querido callarse por prudencia.
—Hay mucho desaprensivo suelto. Sí, ha aparecido mi madrina. Y encima habla sin consultar, es decir, sin saber si a mi madre le gusta o no que lo haga, o sin preguntar si la beneficia o la perjudica. Cada uno es libre de ir a donde quiera o de contar lo que quiera, pero a mí no me parece de recibo. Y sobre todo después de todo lo que ha estado cayendo desde que Belén Esteban se fue de «Ambiciones».

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