Carmen Janeiro: 'Lo de 'Ambiciones' es un culebrón que supera cualquier ficción'

Cuando agosto acaba de despedirse cerrando la puerta de un agobiante sol y septiembre irrumpe con su aldabonazo de vuelta al tajo y trabajo nuestro de cada día, Carmen Janeiro se incorpora, por cuarto año consecutivo, a «Día día »,el programa estrella de la televisión matinal, que dirige y presenta esa indiscutible estrella de la pequeña pantalla que es María Teresa Campos.

Carmen, que, en el día a día de la vida cotidiana, tiene —quiéralo o no — arte y parte en esa serie real como la vida misma porque, aunque a veces no lo parezca, es la vida misma, y transcurre en «Ambiciones », un «Falcon Crest » de andar por casa, o mejor, un culebrón (gaditano, que no venezolano),se asoma a nuestras páginas después de un largo tiempo de silencio ,y a la vez que nos habla de su trabajo, de los problemas que tiene con la casa que se ha hecho y de su noviazgo con el futbolista César,hace un repaso —que no es lo mismo que dar un repaso, aunque en algún momento lo parezca — a los protagonistas, actores secundarios y artistas invitados del citado culebrón familiar.

—Me incorporo al programa de María Teresa Campos, a la que, en cierto modo, considero como una segunda madre. Este año dentro de "Día a día" habrá un serial, «Corazón loco »,en el que tengo un papel fijo como secretaria. Una secretaria que todo lo relaciona con el sexo.
—Para ti va a ser difícil, como contertulia, hablar de la gente, porque no faltará quien diga que ves la paja en el ojo ajeno y no ves la viga en tu familia. Tendrás que andarte con cuidado,¿no?
—Con cuidado me ando. Y, sobre todo, con respeto. Con el mismo respeto con que me gustaría que me trataran a mí y a los míos. Estamos en una etapa en la que se dicen auténticas barbaridades en algunos programas. Y muchos no se paran a pensar en el daño que pueden hacer. Mi norma es no ensañarme con nadie. Contar cosas, sí, pero siempre que tengas datos y pruebas. No se puede hablar por hablar...ni por ganarte el sueldo de ese día a costa de lo que sea...y caiga quien caiga. Afortunadamente, en el programa de María Teresa están excluidos el insulto, la insidia, la mala intención...y las segundas intenciones. ’Desde mis dieciocho años...’
—Por lo menos, Carmen, ya no pueden decir:¿«Esta qué ha hecho además de ser hermana de Jesulín »?¿No?
—Por supuesto que no Desde mis dieciocho años —ahora ya tengo veintisiete — estoy trabajando..Pero muchos no quieren enterarse de ello. Nadie quiere saber que yo he hecho muchos desfiles por diez y quince mil pesetas en centros comerciales de toda España. Yo nunca viví del torero. Hasta los dieciocho años estuve con mi madre en la tienda; después me tuve que ir a Sevilla, a la Universidad, y mientras estudiaba por las tardes Dirección de Empresas y Marketing, por las mañanas me iba a la agencia de modelos de Rocío Martín. Así estuve cuatro años, y así me pude pagar el alquiler de mi piso (lo compartía con otras tres chicas)y los gastos que tenía.

Superando la ficción
—Carmen, lo vuestro, lo de tu familia, no dirás que no es una telenovela, un auténtico culebrón.
—Un culebrón de tomo y lomo que supera a la ficción. No hay guionista en el mundo con la imaginación tan calenturienta...como para inventarse lo que está pasando en mi casa.
—Con sus protagonistas, sus actores secundarios, sus artistas invitados...
—Digamos mejor...invitadas. Como las que aseguran que fueron novias de mi hermano Jesús, o como las que, aunque no lo digan, fueron y son novias...de mi padre .A estas últimas, más que «artistas invitadas», yo las llamaría «apariciones fantasmas ».
—Vayamos al protagonista principal, Jesulín.
—Es el principal y es...el más normal. Lo tratas y es una persona sencilla, que se acomoda a todo y que necesita muy pocas cosas materiales para ser feliz. Es el más tranquilo de todos, y se siente muy a gusto con un pantalón roto y en su casa. No tiene nada que ver con la imagen que por ahí se tiene de él.
—Por otra parte, es el que se juega la vida.
—Por supuesto. Pero nadie se para a pensar, nadie. Interesa más si estuvo con ésta o con la otra. Y yo entiendo que haya habido historias —aclaro: que haya habido, no que haya hoy en día — que ha gustado a las mujeres y al que le han gustado ellas. Y que, a mi modo de ver, se ha equivocado y ha metido la pata muchas veces. Como otros muchos. Lo que sucede es que con él se ha levantado la veda y cada día van apareciendo historias y más historias pasadas. Y yo quiero decir una cosa: como mujer yo jamás iría a contar a una televisión las barbaridades que cuentan algunas. Bueno, la barbaridad no es hacer lo que dicen que hacen, sino contarlo. Todo es cuestión de dignidad y creo que quienes airean tales cosas, la pierden. A mí se me caería la cara de vergüenza. Lo digo sinceramente: trabajaría en lo que fuera antes de contar públicamente si estuve en este hotel o en este otro, si me acosté o no me acosté.

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