Siempre pensando en su trabajo, Raquel Mosquera ha instalado en su nueva casa un despacho para poder atender todos los asuntos de su centro de belleza y estética. Y también los personales.
—¿Vas a seguir trabajando en casa después de tu vida laboral fuera de ella?
—En mi centro de belleza no tengo despacho; tengo un «cuartito» en el que he pasado muchas horas llevando papeleos, todo lo que es una empresa, y que es lo que menos me gusta. Por ello, qué menos que en una casa tan amplia como ésta no tuviera un despacho.
Al menos dos días por semana quiero ocuparme de mis negocios desde aquí. Ahora lo que quiero hacer es peinar, dirigir el salón como venía haciendo antes de fallecer mi marido y ocuparme de mi empresa.
—Por cierto, ¿cómo ha resultado tu experiencia televisiva?, ¿repetirás en la próxima temporada?
—Me encantan los medios de comunicación, y si además puedo compaginarlo con mi profesión lógicamente seguiré. También hay por ahí otras propuestas, pero cuando lleguen las contaré, ya que si me anticipo quizá no salgan.
—¿No has pensado, en algún momento, decir: «¡Basta!, a partir de ahora quiero tiempo para mí»?
—Sí que lo he pensado, pero no he podido. Ahora sí podré descansar unos días y disfrutar de mi hogar, porque llevo un tiempo que no paro y lo noto; no he tenido un solo día libre para mí en los últimos tiempos.
—Si hace dos años y medio, cuando murió Pedro, te hubieran dicho que tú sola ibas a salir adelante y a conseguir estar tal y como te encuentras hoy en día, ¿te lo hubieras creído?
—Por supuesto que no me lo hubiera podido creer, ni imaginar.
—¿Hubieras hecho todo esto con Pedro a tu lado?
—Pues sí, y con más cariño todavía, porque tendría a Pedro a mi lado ayudándome en todo. Cuando falleció, la empresa ya estaba creada con un buen equipo de profesionales y habíamos planeado comprar una casa en la sierra, pero no pudo ser…
—Si haces un balance de tu vida, ¿hay más experiencias positivas o negativas?
—No hay un balance. Para mí la experiencia más negativa fue perder a mi marido. El resto son positivas o, por lo menos, intento verlas así, ya que me considero optimista.
—¿Ahora, con la distancia que da todo este tiempo, sientes la misma nostalgia por la ausencia de la persona amada?
—Sí, el tiempo no causa olvido, pero me ha ayudado a afrontar la muerte de mi marido. Un amor tan puro, transparente y bonito no se puede olvidar fácilmente.
A sus treinta y tres años, Raquel —según nos cuenta— no tiene cerradas las puertas al amor, pero de momento no ha encontrado a la persona que ocupe el vacío dejado en su corazón por Pedro Carrasco. Y es que, como ella misma reconoce, su marido dejó el listón muy alto.

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