Entrevista exclusiva con Ana Obregón: 'A mí nadie me ha quitado nunca un hombre'

—¿Y si se te pone algo entre ceja y ceja?
—Yo he tenido la suerte de que, una vez me han conocido, es muy difícil que los hombres se vayan de mi lado. Eso te lo puedo asegurar.
—Y encima nunca has tenido una ruptura, llamémosla, amarga.
—Nunca. Y esto es importante. Con el padre de mi hijo tengo una amistad y siento un cariño muy grande por él. Como si fuéramos hermanos. Y con Davor… Anoche hablé con él. Fíjate que ya han pasado tres años desde que rompimos y Davor dice que a lo mejor viene unos días a Madrid y que quiere que nos veamos. Ahora, de ahí a que vayamos a estar juntos de nuevo, pues no.
—Háblanos de Alessandro Lecquio.
—Alessandro está ahora en un momento muy bueno. Ha cambiado mucho. Es otra persona. Se ha vuelto muy responsable, y con su hijo es un padrazo.
—Sólo tienes palabras buenas hacia él.
—Se desvive por su hijo… Siempre lo he dicho. Se levanta a las seis y media de la mañana para llevarle al colegio y, ¡oye!, no todos los padres hacen eso, y más estando separados.
—¿Qué te ha dado el paso de los años, Ana?
—Saber decir «no». Y también poder elegir, porque cuando eres más joven te dispersas mucho, en el sentido de querer hacer todo.
—Hay que saber elegir.
—Por supuesto. También he aprendido a aceptar a las personas con sus defectos y sus virtudes y a no esperar nada a cambio. De esa forma, cuando alguien te da algo, por pequeño que sea, ya es un regalo. Aunque se trate de tu propio hijo la persona que te lo está dando. Yo siempre he dado y nunca he recibido.
—Siempre has sido muy «echada para adelante», Ana.
—Soy un volcán en todos los aspectos.
—¿En constante erupción?
—Sí. Yo trabajo y doy toda la energía positiva a mi equipo. Mi trabajo me encanta y me entrego a muerte. Por eso he llegado adonde he llegado. Con mi hijo soy también un volcán, pero de cariño…
—Te falta decir que también lo eres en el amor.
—Pues también lo soy. Creo que tengo lava en vez de sangre.
—¿La intuición maneja tu vida a veces?
—Soy intuitiva, como un poco «brujilla», e intuyo que va a aparecer alguien muy importante en mi vida.
—No sé por qué me da, pero creo que estás jugando sobre seguro, que ya hay alguien por ahí…
—(Risas.) No, no. Simplemente es una intuición.

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