Mónica Pont, radiante en su cuarto mes de embarazo

El 7 de agosto de 2002, la actriz Mónica Pont y Javier Sagrera, propietario del hotel Aigua Blava de Begur, celebraban su romántica boda en la masía «La Pagesa »,un bello paraje de la Costa Brava. Hoy, un año después, nos recibe en el mismo marco, y mientras juguetea con su perro,«Gustavo »,nos comenta que está en uno de los momentos más felices de su vida: el primer aniversario de su matrimonio y la dulce espera de un hijo.

—Ya ha pasado un año, Mónica...
—Sí, ha sido muy intenso.
—¿Harías un balance?
—Creo que el primer año de matrimonio es el más difícil porque es cuando las dos personas, la pareja,se acoplan el uno al otro. Yo había vivido en Madrid y Javier en Barcelona, por tanto, ha sido el primer año de convivencia real, porque no es lo mismo pasar fines de semana juntos, donde todo lo que sucede es muy bonito, sales a cenar, te vas de vacaciones...,a la vida en común, que es pura y dura. Desde que te levantas hasta que te acuestas estás al lado de esa persona y es cuando la conoces de verdad. Hay parejas que en seguida dicen «nosotros ya nos conocemos »,y no es cierto. Pienso que hasta que no se convive no se puede decir eso. El primer año de matrimonio es el más duro. Dicen que si se supera esa etapa después todo viene rodado. —¿Cuál es el secreto de la estabilidad en vuestro matrimonio?
—No hay secretos. Creo que lo fundamental es tener confianza, entendimiento y respeto. Es lo más importante. Si llevas a la práctica con éxito esas tres cosas, la pareja funciona.
—¿Cómo vais a celebrar vuestro aniversario?
—Los dos juntos, muy tranquilos y con una cena muy romántica.
Algo casi divino
—¿Echas de menos el teatro?
—Mi embarazo fue totalmente inesperado, los planes eran continuar con «La llamada de Lauren » y en septiembre iniciar una gira por Nueva York y Cuba, para continuar en Barcelona y Girona, pero con la feliz noticia todo ha cambiado. No voy a engañarme: por una parte, me dio lástima no poder continuar y llevar la obra hasta Barcelona, que era mi gran ilusión, entre otras cosas, porque el hecho de trabajar en Cataluña me permitía volver a casa todas las noches, pero cuando la razón es tan bonita, sólo puedes decir que te da pena por un lado, pero, por otro, tienes la inmensa alegría de estar esperando a tu hijo, algo casi divino. Ya seguiremos más adelante. La idea es retomarlo el año que viene, cuando haya nacido el niño. No es que se pare nada, sólo se ha aplazado.
—Ahora que has dejado la obra para dedicarte por completo a tu maternidad,¿cómo transcurre un día cualquiera de tu vida?
—Cambia un poco en que ahora parece que soy más centro de atención: tanto Javier como nuestras familias están muy pendientes de mi estado. Todas las mañanas, cuando me levanto, me pregunto si estará bien, qué estará haciendo, si me oirá … porque dicen que a los cuatro meses ya tienen el oído formado y pueden percibir los tonos agudos de la madre. Por otro lado, sigo trabajando en el ordenador, sigo en contacto con mi representante, que me informa de las cosas que hay. De hecho, esta semana tengo dos presentaciones, así que no he dejado de trabajar porque no me siento incómoda y puedo ha- cer cosas. También llevo la casa, que no es fácil. Cuando puedo, voy al hotel Aigua Blava, del que ya sabes es propietario mi marido, y comemos juntos. Me estoy tomando este tiempo como unas «minivacaciones » para relajarme. Ha sido un año muy duro, en el que he trabajado mucho, y creo que me las merezco.
Tengo que dar gracias
—¿Te cuidas mucho más que antes?
—Yo practicaba deporte antes porque me gusta, lo único que ha cambiado es que he bajado el ritmo por consejo de mi médico. También nado mucho y me pongo cremas porque todas mis amigas que han sido madres me lo han recomendado:«Cuidado con las estrías, Mónica »,así que todas las mañanas y todas las noches me obligo, porque antes no lo hacía, y también hay otra cosa que no hacía antes: procuro darme masajes de drenaje en las piernas porque van muy bien. Nunca he sido una esclava de la belleza.
—¿Cómo te encuentras?¿Has sentido molestias estos primeros meses?
—Noté las típicas náuseas, pero sin mayor consecuencia. Tengo que dar gracias a la Naturaleza porque estoy viviendo un embarazo sin enterarme. No sé si tendrá que ver o no, pero soy una persona sana, no fumo, no bebo, me cuido en las dietas, y creo que con eso ya le estás dando a tu hijo una buena calidad de vida. Ahora, debo reconocer que me porto mal y mi médico me riñe porque como chocolate, bollos y dulces, y me los ha prohibido. No lo puedo evitar, como todo el mundo me mima, me los traen y … no les vas a hacer el feo y dejar el «pastelito »...(Ríe.)
—¿Sabéis ya si va a ser niño o niña?
—Sí, es un niño.
—¿Y el nombre?
—Dijimos que si era niña elegía yo y si era niño le tocaba a mi marido, y ha decidido que se llame igual que él, Javier Sagrera.

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