El efusivo y cariñoso abrazo de Eugenia Martínez de Irujo y Francisco Rivera

Desde que, en marzo de 2002, se separaron de hecho, siempre quedó abierto entre ellos un resquicio por el que podía abrirse paso, en uno u otro momento, la posibilidad de una reconciliación. Es decir, ninguno de los dos dio el portazo definitivo, quemando a la vez las naves que permitieran «volver a empezar».

Hablamos de Francisco Rivera Ordóñez y Eugenia Martínez de Irujo. O, si se quiere, de una separación atípica...desde sus inicios, aunque, en el fondo, es, por otra parte, una separación en toda regla. Lo que no es lo mismo que... «con todas las de la ley», ya que ninguno de los dos presentó ante el Juzgado la demanda de separación. Decimos atípica desde sus inicios porque, entre otras cosas, fue Eugenia quien dio el paso, anunciándolo, a la vez, a la agencia Efe, la tarde de un domingo de marzo del pasado año. Cierto es que no sorprendió el hecho en sí, puesto que para muchos se trataba de una separación... anunciada. Pero no dejó de llamar la atención la forma y, sobre todo, el no haberlo hecho de mutuo acuerdo.

Poco después, Francisco reconocía: «Yo soy el único culpable», aunque no especificaba ni concretaba la culpabilidad. Como tampoco quería entrar en detalles a comentarios surgidos en torno a algunas amistades de Eugenia, su mujer, quien, por su parte, diría en un par de ocasiones que la ruptura no era ninguna broma.

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