Chábeli Iglesias, su marido, Christian Altaba y su hijo Alejandro: una familia feliz en su casa de Miami

Alejandro, que hace año y medio nació antes de tiempo, es hoy un niño vigoroso, sano y bien desarrollado; la madre, que fue una niña famosa a la que su padre dedicó, en su día, la canción «De niña a mujer», haciéndola más conocida aún, es ahora una madre que, a sus treinta y dos años, se ha bajado intencionadamente del carro de la popularidad para convertirse en una mujer de su casa. El padre es un joven empresario, ajeno a cualquier connotación de notoriedad fuera del ámbito de su trabajo. Los tres —Isabel (Chábeli) Iglesias, Christian Altaba y el pequeño, Alejandro— forman hoy sencillamente una familia feliz, a la que hemos fotografiado en su casa de Miami, conversando después con Chábeli.

—Lo primero: ¿cómo está tu hijo, cómo se va criando?
—A mi hijo no hay más que verlo: está grande, sano, fuerte, precioso. Por otra parte, el pediatra dice que está muy bien y que se va desarrollando todo a la perfección: las cosas que lógicamente preocupan cuando se trata de un niño que nació antes de tiempo. Una de ellas es, por ejemplo, la locomoción. Y Alejandro ya camina muy bien. El pasado mayo empezó a hacerlo agarrándose a las cosas y, en junio, ya se soltó completamente.
—Parece un niño muy tranquilo.
—Es un niño muy bueno. No es ni nervioso ni llorón. Al contrario, siempre se está riendo. A la hora de dormir, le acuesto y después de rezar con él, se duerme solo. Antes no se despertaba en toda la noche; pero estos días sí lo hace porque le están saliendo las muelas y está molesto.
—¿Come bien?
—Bien y de todo. Y, aunque todavía le hacemos purés, ya mastica.
—¿Con qué se divierte más?
—Le encanta jugar con los perros. De los tres que tenemos, su preferido es «Chester». También le gustan los aviones. Cuando pasa alguno, salimos al jardín y lo señala con su manita diciendo «bye, bye». De los juguetes, con los que más le gusta jugar es con los cochecitos. Por otra parte, le encanta ver fotos, dibujos…, y escucha los cuentos con mucha atención. Pero creo que con lo que más disfruta es con los baños en la piscina. Le encanta jugar en el agua con su padre. Ya mismo le vamos a enseñar a nadar.
—Das la sensación de estar más centrada que nunca, Isabel.
—Es que lo estoy. ¡Si hubiera sabido a mis veinte años lo que sé a los treinta y dos!… La vida te cambia. Con treinta y dos años ya eres una persona más madura.
—Y ahora tienes una familia.
—Efectivamente. Un hijo te cambia la vida por completo. Y, por supuesto, te la cambia a mejor.
—Pero un hijo también ata, ¿no?
—Por supuesto. Pero es una atadura muy dulce.

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