Jesulín de Ubrique y Maria José Campanario celebran su aniversario de boda y posan junto a su hija, Julia

Se ha puesto el torero el caparazón, que no el corsé que debe llevar y no lleva siempre cuando torea, de las tardes de bregar con la palabra. Esos momentos en los terrenos de sol y sombra, en el tendido de decir y no desvelar, que tan bien domina Jesulín de Ubrique. Está serio el maestro. Parece no tener ganas de broma, aunque la felicidad va por dentro. No es para menos. El torero y María José Campanario celebran el 27 de este mes su primer aniversario de boda. Tiene prisa el torero por acabar una entrevista que aún no ha comenzado. Se ve a distancia. Es largo el camino por carretera desde Castellón, donde pasó unos días en casa de sus suegros con su esposa y su hija, hasta Málaga. Jesulín está en plena forma. Le quedan aún casi cincuenta tardes de toros. Le duele la espalda a veces. Es grande la tensión de ponerte frente a un toro, como también lo es estar sometido a constantes comentarios sobre su matrimonio. Pero Jesulín es un buen fajador de especulaciones. Las encaja de pie y de frente. Sin inmutarse. Con la sonrisa en los labios, al igual que María José, con quien posa ahora en una imagen familiar con su hija Julia, de cuatro meses, para celebrar sus primeros doce meses de felicidad matrimonial. Es la primera foto de todos juntos. De ahí lo excepcional del documento. Valiente como pocos ante un toro, pero midiendo las palabras ante una grabadora.

—Jesús, un año de matrimonio y, al mismo tiempo, doce meses de casi continuos rumores de separación.
—Para empezar, a los que dicen que María José y yo nos vamos a separar les diría que no tienen ni pajolera idea de lo que están diciendo. La mayor satisfacción que puedo dar a todos esos es celebrando mi primer aniversario de boda. Un hecho vale más que mil palabras.
—Éxito en la plaza y parece que también en el matrimonio.
—Indudablemente, el éxito de mi matrimonio se basa en la facilidad que tiene mi mujer para hacerme la vida muy agradable, como también yo se la hago a ella. ¿Para qué nos vamos a andar con tonterías?
—¿Cómo se hace la vida agradable a Jesulín de Ubrique?
—Bueno, pues que al llegar a mi casa mi mujer me pregunte cómo estoy en vez de plantearme problemas. Que todo sea «gloria bendita».
—María José parece una mujer de carácter.
—Sí, lo tiene, pero aquí también el «menda lerenda» es para echarle de comer de lejos.
—A lo mejor es que te van las mujeres con mucha personalidad.
—A mí, esas mujeres de «aquí estoy yo» no me van para nada. Me gustan las mujeres a la antigua usanza: sencillas, amables, educadas y cuidando de su casa y de su marido.
—La mujer está liberada totalmente.
—Para vacilón estoy yo. Eso lo tengo muy claro.
—Luego también están tus hijas para hacerte la vida agradable.
—Julia y Andrea me proporcionan una gran felicidad.
—Belén Esteban, la madre de Andrea, se ha quejado de que no ves a su hija, Jesús.
—¿Que no veo yo a mi hija Andrea?
—Eso es lo que ella ha dicho.
—Sólo te diré que yo veo a mi hija. Nada más.

Más sobre

Regístrate para comentar