Homenajeada al día siguiente
Tony pálido y mareado por el largo viaje, que se tumbaba en un sofá para descansar sin perder de vista a Sara. Unos momentos que parecen pasar deprisa por la retina de la artista. Una ilusión que aún continúa en su corazón al recordar el comienzo de su bonita historia con el joven cubano, sazonada por comentarios de muy distintos sabores. Tuvieron que luchar lo suyo y, al final, lo que creció despacio ha sido ahora cercenado de un tajo. Palabra de Sara. No quiere hablar ya. No más. Ya tiene un hilo de voz. No está nerviosa y sí segura. Se acomoda en el sofá y se dispone a convesar con una amiga que ha ido a pasar unos días con ella. Cuenta en voz alta y sin miramientos que los nervios le han hecho engordar. Así se lo había dicho el doctor Mariscal, su auténtico «ángel de la guarda», además de testigo de su boda civil con Tony en el Ayuntamiento de la madrileña localidad de Majadahonda. La misma persona que pasaría a recogerla a la mañana siguiente para acompañarla a tierras onubenses, donde Sara iba a recibir un homenaje.

Las manos de la artista, cuajadas de impresionantes joyas, como siempre, señalan las fotos esparcidas por el abigarrado salón. Imágenes de una vida. Sus hijos, Pepe Tous, Tony, momentos inolvidables y quizá, quién sabe, otros para olvidar. En el ático, en ese mismo lugar donde hace escasos meses Sara celebraba su boda con Tony, se agolpan cuadros y objetos. Casi no cabe un alfiler.

A cara o cruz
Hay silencio en un ambiente que está perfumado con la vitola típica de los momentos trascendentales en la vida de cada uno. Sentido en la elección de Sara sin haber dado oportunidad a los términos medios. No era posible. A cara o cruz. Una peaje de compromiso para alguien que bien podría estar protagonizando en la realidad la gran película de su vida. Una nueva versión de «No sin mi hija», aunque en este caso sería «No sin mis hijos».

Más sobre

Regístrate para comentar