—Eso lo llamaría maternidad responsable.
—Mira, no quiero que les pase algo porque su madre se haya casado y esté en Cuba. A mis setenta y cinco años y a estas alturas de mi vida tengo que amparar a mis hijos y tenerles en mi casa. Y la única forma es separándome de mi marido.

"Hay cosas que mis hijos ya no aceptan"
—Muchas veces, los hijos hacemos uso de la edad que tenemos de acuerdo a cómo sople el viento.
—Hay una cosa que es cierta: hasta los dieciocho años, los hijos no quieren separarse de tus faldas porque saben que lo pasarían mal. Pero cuando cumplen la mayoría de edad legal, entonces ya campan con su propia vida.

—Y nos volvemos, a veces, más intransigentes.
—En algunas cosas, sí. Por ejemplo, hay cosas que mis hijos ya no aceptan y que a mí me parecen insignificantes: que me rice el pelo, por ejemplo. Yo tengo un pelo maravilloso, y entonces me dicen: «Ay, no, mamá, ponte el pelo como tú te lo pones, raya en medio y liso, porque eres más tú y además para tu edad te va muy bien».

—Ese «para tu edad»…
—Hombre, a mí no me hieren por decirme «para tu edad», pero sí me gustaría que me dijeran: «Mira, mamá, estás guapísima, ya sea con el pelo rizado, con raya en medio, con canas o teñida de rojo».

—Mujer, a lo mejor no han caído.
—Me gustaría que un día me dijeran: «Mamá, estás guapa de todas las maneras y puedes hacer lo que quieras porque para eso eres la mujer más célebre de España y del mundo». Porque yo sí disfruté con mi madre.

"Mi madre deja a un novio por sus hijos"
—Tu padre murió cuando tú eras aún una adolescente, ¿no?
—Yo tenía dieciséis años cuando murió. Pero a mi madre la disfruté hasta que yo tuve cuarenta y un años. Y fíjate que ella dejó a un novio que estaba muy bien por sus hijos. Dijo: «No, ni hablar. ¿Yo, por mis hijos? Vamos. ¡Quita, quita, quita!».

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