Sara Montiel se separa legalmente de Tony Hernández

No es una historia de desamor, ni tampoco de traiciones o de desgaste de una pareja. Es simplemente la decisión de una madre llamada Sara Montiel de romper su matrimonio con Tony Hernández por sus hijos, Thais y Zeus. Así de crudo, así de duro, así de drástico… y así de claro también. Porque muy claro tiene Sara, y con hechos así lo demuestra, que sus hijos son antes que nada y que nadie, aunque para ello tenga que renunciar su propia felicidad como mujer, según ella misma reconoce. No quiere hablar Sara de egoísmos o de actitudes justas o injustas, pero lo cierto es que no se había visto a la popular artista tan triste ni resignada en los últimos tiempos. Hasta se emociona a veces durante la entrevista.

Un órdago con las cartas marcadas
Ha tenido Sara que elegir, como ella cuenta, porque sus hijos le han obligado. La elección estaba clara: sus hijos. Un órdago a la grande con las cartas marcadas. Por una cara, la felicidad de una madre al tener a sus hijos a su lado; por la otra, la pátina de dolor de una mujer enamorada. Porque Sara aún continúa queriendo a Tony Hernández, su todavía marido hasta que la justicia se pronuncie próximamente tras haber presentado ella la demanda de separación en un Juzgado de Madrid el pasado 2 de julio. Una conversación con Sara desde el rigor, con la alegría y la pena sentadas a ambos lados de la mesa tras haber posado junto a sus hijos. Un excepcional reportaje por cuanto la influencia de Thais y Zeus ha contribuido de forma determinante a que su madre haya tomado la decisión de separarse, unido al mucho tiempo que ellos llevaban sin posar para los medios de comunicación, especialmente Thais, que siempre se ha mostrado muy reacia a esos menesteres. Un documento periodístico que bien podría denominarse "las fotos de la reconciliación".

"La ilusión me está durando mucho"
—Sara, la ilusión parece haberse acabado…
—Perdona, pero la ilusión me está durando mucho.

—Pero tú has sido quien ha dado el paso de separarte.
—Sí. El motivo estaba clarísimo: mis hijos nunca han aceptado mi matrimonio. Jamás han aceptado que o estuviese casada con hombre alguno, llámese Tony Hernández o Pepo Flores, como yo digo, y tampoco que viva con nadie. Nunca aceptaron a Giancarlo.

—Estamos hablando de Tony, Sara.
—Sí. Me enamoré de él después de estar dos años hablándonos. Luego nos casamos y hemos vivido ocho meses juntos sin separarnos, aunque después de la boda Tony tuvo que irse a Cuba por motivos de trabajo en la Escuela de Cine. Y yo también he ido a Cuba. Pero nada, mis hijos, erre que erre, con su decisión de no aceptarle, y yo con unos disgustos horrorosos. Hasta que un día decidí poner todo en una balanza.

—Te refieres a Tony y a tus hijos.
—Efectivamente. Son mis hijos y tenía que sacrificarme por ellos, como así he hecho. Como te decía, no ha habido manera de que aceptaran al «cubano», como llaman mis hijos a Tony.

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