Isabel Preysler, Isabel Sartorius y la duquesa de Montoro póquer de damas en el polo de Inglaterra

La cita era en Gloucestershire, en las instalaciones del Cirencester Park, el club de polo más antiguo de Inglaterra (1894). Se iba a disputar el II Torneo Porcelanosa de Polo entre los equipos Porcelanosa y Highgrove, este último capitaneado por el príncipe Carlos. Por este motivo, desde España se trasladaron Isabel Preysler,«la madre de Enrique Iglesias », como la conocen en el Reino Unido; Isabel Sartorius y Eugenia,duquesa de Montoro, además de Alvaro de Marichalar y Tomás Terry, entre otros invitados españoles.

Desde Italia llegó Valeria Mazza, vestida por Valentino, con su marido, Alejandro Gravier,mientras que desde Estados Unidos y pilotando su propio avión llegó John Travolta con su mujer, Kelly Preston. Un feliz y a la vez fascinado actor por poder no ya sólo ver de cerca a un auténtico Príncipe, sino también por posar y hasta conversar con él.

Cinco años son ya los que Porcelanosa lleva colaborando con la Fundación Príncipe de Gales y su trabajo en arte y diseño particularmente, pero en esta ocasión la citada firma ha querido también apoyar con este torneo a otras obras benéficas en las que el príncipe está igualmente involucrado: el Breakthrough Brest Cancer,Cheeky Chops y la National Osteoporosis Society, que preside Camilla.

Una Camilla que si durante el almuerzo previo al torneo parecía ser la anfitriona, en cuanto llegó el príncipe de Gales se colocó en un discreto segundo plano y en ningún momento se les pudo fotografiar juntos. Camilla se mostró afable y sonriente en todo momento y afirmó que había estado en Granada «veintidós veces ».

Una vez concluido el torneo se procedió a la entrega de trofeos. Mientras la señora de Boyer entregaba el correspondiente al equipo ganador, premio que recogió el príncipe de Gales, Isabel Sartorius le entregó al príncipe Carlos el maletín de Loewe con el que fueron obsequiados cada uno de los integrantes de ambos equipos.

Posteriormente, los invitados fueron obsequiados con el tradicional té, a las cinco en punto de la tarde, por supuesto.

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