Flavio Briatore, el soltero de oro

Multimillonario, acompañado siempre por mujeres espectaculares y considerado como un auténtico «soltero de oro» desde que en 1998 se divorció de su mujer, una belleza israelí llamada Nina Cohen, el empresario italiano Flavio Briatore, de cincuenta y dos años, jefe, por otro lado, del joven piloto español de Fórmula 1 Fernando Alonso, nos ha recibido en su espléndida mansión de Oxford. Y tras posar en ella, nos ha hablado por primera vez de su actual relación sentimental con la bella modelo alemana Heidi Klum, de su pasado con Naomi Campbell y de su admiración por Fernando, a quien considera como un futuro campeón del mundo.

«Nadie sabe cuánto trabajo. Las horas que echo en esto. A las ocho estoy en el despacho. Hasta las seis y media. Luego me marcho a casa. Treinta o cuarenta minutos en el gimnasio. Ceno en el dormitorio y veo un poco la televisión. Eso si es jueves, y porque estoy a veinte minutos de la factoría, aquí en Oxford. Si es lunes, estoy en la oficina de Londres; martes y miércoles, en la de París —donde hacemos los motores —, y el viernes, generalmente voy a alguna carrera. Mucho tiempo en aviones, mucho estrés..., pero quizá una o dos veces al mes, algo más en verano, salgo. Y cuando salgo, lo hago hasta la hora que quiero. Si es la una de la madrugada como si son las cinco. Es mi modo de eliminar la presión en este trabajo tan competitivo, en el que constantemente estás luchando contra los mejores».

Así justifica Flavio la acusación de «play-boy» y noctámbulo del «manager» del equipo Renault de Fórmula 1 del Reino Unido. Estamos en un despacho con cristaleras en la factoría de Oxford, a una hora y media de Londres, en una inusual mañana soleada de junio. Así que hoy debe ser jueves. «Sé también que soy un poco diferente a otros "managers". En este negocio hay mucho misterio, mucho secretismo, y yo soy más abierto con los medios de comunicación. Cuando hago algo bien, lo digo; cuando me equivoco, también, y siempre contesto la verdad a lo que me preguntan. Quizá porque mi "back-ground" es distinto. Yo no venía del mundo del motor. Es más, no me interesaban los coches. Había estado trabajando con Luciano Benetton, primero desarrollando Asia, luego Norteamérica, y cuando él decidió invertir en una escudería, me puso al mando. Catorce años más tarde, tras la compra de Benetton por Renault, hace dos, aquí sigo».

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