Aunque no era su primera vista a España desde su ruptura con el príncipe Felipe -viajó el año pasado a Barcelona con unos amigos-, la expectación que Eva Sannum provocó ayer durante la segunda edición del Premio de Diseño de Bañadores Gillette for Women Venus fue, sin duda, la esperada. Aterrizó en el aeropuerto de Barajas, a primera hora de la tarde de ayer, escoltada por cuatro guardaespaldas como preludio de lo que vendría más adelante.

Durante su estancia en la capital, se convirtió en el centro de todas las miradas. De unas miradas, por otra parte, no correspondidas. Y es que, fría y distante como el témpano, sin ningún tipo de guiños a la nube de fotógrafos que llevaba esperando todo el día su visita, la modelo y publicista llegó, votó y se marchó. Así había sido lo acordado en su contrato con Gillette. Y no hubo sorpresas en sentido contrario.

Tímida y fugaz
De hecho, a su llegada al Círculo de Bellas Artes de Madrid para ejercer como jurado del concurso, Eva Sannum, que lució un vestido rosa y gris de corte imperio con una casada corazones de lentejuelas, evitó el paseíllo de entrada al edificio. Durante el desfile, tampoco cambió su conducta y apenas habló excepto para comentar parcamente algunos detalles con sus compañeros, entre los que se encontraban los diseñadores Modesto Lomba, Ángel Schlesser, Andrés Sardá, Roberto Torretta y Guillermina Baeza, y las directoras de algunas revistas de moda. Y sólo cuando los conductores del acto, Liborio García y Jaydy Mitchel, hicieran su presentación como miembro del jurado -"una experta en moda y creativa publicitaria"-, Eva Sannum brindó una tímida sonrisa al público y volvió a sentarse rápidamente.

La ganadora del certamen fue Patricia García, estudiante de IADE de Madrid, que recogió su premio, un cheque de 6.000 euros, de manos del director de la firma, Carlos Matos, gracias al original bikini étnico que presentó a concurso.

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