El 2003 ha sido por tanto el año en el que Ferrero se ha quitado esa espinita y es que dicen que a la tercera va la vencida. Tímido, reservado y discreto Ferrero ha conseguido después de once años de duro entrenamiento hoy su primer Grand Slam.

Durante todos estos años su padre, Eduardo, ha sido su incondicional seguidor, su gran apoyo, en los momentos más felices como la tarde hoy y en los momentos más amargos, como el de la muerte de María del Carmen, su madre.

Cuenta Ferrero que el día en el que supo que su madre agonizaba sintió que la sangre le subía a la boca y golpeó con fuerza la puerta más cercana. Una madre a la que llamaba todos los días para contarle sus logros, sus victorias y también sus amargas derrotas. Una madre a la que recuerda en cada éxito que consigue y a la que hoy también le dedicó unas palabras, una madre que vela desde el cielo, al que mira siempre antes de sentenciar un partido.

Ferrero, al que también se le conoce con otros apodos como: 'El chavalín', 'Ferrero Rocher', 'El otro niño', 'Riquín', 'Junior', 'Juancar', 'Juanqui' y 'Ferri' se confiesa un ferviente seguidor del Real Madrid, ‘su equipo de fútbol’. Admira a Manolo García, tiene posters de Sharon Stone y Meg Ryan, sus actrices favoritas, en su habitación y le encanta ir a comer con sus amigos al Mac Donalds.

Tiene una página web en la que saluda en cinco idiomas, le gustan los deportes de riesgo como el puenting o la caída libre, el motociclismo, los animales, los videojuegos... pero sobre todo disfruta con la vida familiar y tranquila que lleva en su Onteniente natal.

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