Mónica Pont, embarazada de su primer hijo

-Y te pusiste seria.
—Sí, me puse más seria. Estaba de una falta y le dije que había ido a la farmacia a hacerme la prueba y que había dado positivo, aunque más tarde fui al ginecólogo y ya me lo confirmó. Pero como te decía, la reacción de Javier fue muy graciosa. Por otra parte, yo siempre había pensado que cuando me quedase embarazada organizaría una cena a mi marido, y quién sabe si a los postres le hubiera puesto la ecografía del bebé. Pero luego, cuando te sucede, tienes tantas ganas de comunicarlo que... Al menos yo soy así, y cuando tengo algo que comunicar, no puedo aguantarme hasta el día siguiente. Pues un poco es lo que me pasó con la noticia de mi embarazo: que no supe aguardar para dar la sorpresa a Javier.
—¿Y tu familia?
—También lo sabe. Es el primer nieto para mi madre. Ella fue la primera que me acompañó al ginecólogo antes de dar la noticia a Javier. Recuerdo que el médico le dijo:«Ven, abuela, ven, que vas a ver a tu nieto por primera vez».
—También le habrá hecho mucha ilusión.
—Mi madre tenía muchas ganas de ser abuela. Aunque mi hermana y yo somos jóvenes, ella tiene treinta y un años y yo treinta y dos, pues estamos en esa edad en la que nuestra madre nos decía: «Bueno, ¿cuándo me vais a dar un nieto?».Por otra parte, para la madre de Javier también es su primer nieto. Mi marido ya tiene cuarenta años, y mi suegra, cuando supo que iba a ser abuela, le dijo:«Pensaba que este momento no iba llegar nunca».
—Temor, respeto, responsabilidad... ¿Qué sientes?
—Durante muchos años he vivido sola, y eso, quieras o no, hace ser más egoísta con tus cosas. Sin embargo, en el momento en que sabes que vas a ser madre, en ese mismo momento dejas de pensar en ti para pensar y sufrir por ese niño. Dejas de ser tú ombligo del mundo para que sea él.
—¿Qué pensaste cuando te dijeron que ibas a ser madre?
—Que me daba igual que fuera niño o niña, porque lo único que quería es que fuera sano.

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