DESDE MUY JOVENCITA EMPECE A VIAJAR SOLA»
—Ocho meses ya de casados.
—La vida de casada nada tiene que ver con la de soltera.
—Las decisiones ya no son unilaterales, por ejemplo.
—Por ejemplo. Ya hay que pensar por dos. También es diferente en el sentido de planear una casa, llevarla y tener que consultarse uno al otro porque ya formamos un equipo.
—De todas formas, pareces una mujer dócil, a quien no resulta difícil amoldarse a nuevas situaciones.
—Sí. Piensa que desde muy jovencita comencé a viajar sola por todo el mundo, y eso, quieras o no, te obliga a acoplarte a las ciudades, a los trabajos, a la nueva gente que conoces...
—Estás curtida por la vida.
—Estoy acostumbrada a improvisar, vamos. Por eso, cuando Javier me pidió que me casara con él se planteó el lugar en el que viviríamos tras la boda, tomar la decisión de vivir en el Ampurdán no significó ningún problema para mí. Querer es poder.
—Pero una cosa es la teoría otra la práctica, Mónica.
—Hombre, no te negaré que para mí es mucho más incómodo tener que irme a dormir a un hotel después de acabar el teatro porque es mucho más frío e impersonal. Qué duda cabe. Es un sacrificio.
«SABIA QUE SE CASABA CON UNA ACTRIZ»
—Podrías haber dicho adiós a todo profesionalmente hablando y quedarte tranquila junto a tu marido.
—Yo tengo muchas ganas de seguir trabajando, aunque haya gente que pueda pensar que yo vaya a dejar de trabajar por el hecho de haberme casado. No.Por otra parte, mi marido también sabía que se casaba con una actriz.
—Algún día podría él pedirte que dejes todo.
—Eso podría suceder el día que seamos padres porque, lógicamente, yo voy a querer estar con mis hijos y dedicarles todo el tiempo que pueda. Aunque pudiera en su momento compaginar algunas cosas con la maternidad, no quiero perder ni un solo minuto de estar con ellos.
—Bueno, pero ponte en el caso al que antes me refería, es decir, tu marido te lo pide.
—No creo que me lo pidiera nunca porque pienso que sería una forma de perder ese respeto que, en mi opinión, debe existir en una pareja. Por otra parte, yo tampoco le pediría que renunciase a cosas. Pero te repito que el día que vengan los niños todo cambiará.

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