Elena Cué y Margarita Hernández se enfrentan a los peores momentos de su vida

Las hermanas Koplowitz y sus maridos eran vecinos en una casa del centro de Madrid. Iban juntos a todas partes, pero los matrimonios no eran conocidos fuera de los círculos financieros. «Los Albertos » entraron en la empresa de construcción de sus mujeres, Construcciones y Contratas, un gran negocio que había crecido gracias al asesoramiento del fundador de El Corte Inglés que ellos incrementaron con su trabajo.

La relación con Marta Chavarri
La relación de Alberto Cortina con Marta Chávarri, entonces esposa de Fernando Falcó, marqués de Cubas, fue una de las historias con más repercusión social y económica de los últimos años. Y es que la separación inevitable que vino después (tanto en el divorcio de Cortina y Alicia Koplowitz como en el de su primo, Alberto Alcocer y Esther) les hizo dividir un patrimonio con las citadas hermanas, desbarató los acuerdos financieros que se negociaban entonces con vista a la fusión entre algunos Bancos, como el Central y Banesto, y convirtió a Alberto Cortina en un hombre con menos fuerza económica.

Cortina,consciente del daño que podía haberle ocasionado a la reputación de Marta Chávarri, se casó con ella en cuanto obtuvo el divorcio. El matrimonio duró menos de cinco años. Marta recibía una pensión millonaria, un piso en la zona más cara de Madrid (la llamada «milla de oro »,por el altísimo precio del suelo y las tiendas de lujo establecidas en la zona)y otras compensaciones, a cambio de llevar una vida discreta y, sobre todo, de no hablar ni contar nunca las intimidades que hubo en su matrimonio. Alberto Cortina encontró después en Elena Cué, y Alcocer en Margarita Hernández, el merecido reposo del guerrero, después de muchos años dedicados a batallas que hoy estaban ya en otro orden de prioridades en sus vidas.

Deterioro social y separación física El pasado ha vuelto a pedir cuentas. Hoy,«los Albertos » son dos hombres que luchan contra la adversidad. Una adversidad que tiene nombre de «condena a tres años y cuatro meses de cárcel »,y que, según ellos han hecho saber, recurrirán de inmediato ante el Tribunal Constitucional, solicitando, a la vez, que se suspenda su ejecución mientras se resuelve el recurso. Todo ello —son sin duda unos difíciles momentos — enfrenta a estas dos mujeres,,que han vivido hasta hoy un sueño de hadas, ante una si- tuación totalmente diferente en sus vidas. No sólo por el deterioro social que la sentencia en cuestión implica, sino también por la separación física que conlleva —algo siempre doloroso para cualquier pareja — y que sólo se podrá ver paliada visitando a sus maridos en el lugar en el que, en su caso, éstos tengan que cumplir la condena que el Tribunal Supremo les ha impuesto.

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