Elena Cué y Margarita Hernández se enfrentan a los peores momentos de su vida

Y es que Alberto Cortina también había encontrado a la mujer de su vida el día que conoció a Elena en una montería. Fue hace seis años, ella tenía 24; Cortina, 26 más. Elena había ido acompañada de un amigo bastante mayor que ella; siempre le habían gustado los hombres hechos y derechos, los hombres maduros de vuelta de las cosas.

Sus compañeros de tiro al pichón, su deporte favorito, y en el que llegó a ser campeona de España, eran gente mayor, con los que se sentía de igual a igual, con los que se podía hablar. Normalmente, Elena viajaba con sus padres, un matrimonio que adora a su hija. Joviales, divertidos, dedicados desde siempre al negocio de la joyería. Elena ha estudiado Gemología, entiende de piedras, trabaja desde hace años en la empresa familiar, nunca ha dejado el trabajo ni siquiera después de su matrimonio. Ese es el ambiente en el que ella se había movido hasta el día que se cruzó con Alberto Cortina en la finca ‘Las Cuevas’, propiedad del banquero.

Una finca de 6.000 hectáreas, una de las mejores de España, situada en los Montes de Toledo, la región favorita de la gente importante que practica la caza. Alberto Cortina había compartido ‘Las Cuevas’ con su primera mujer, Alicia Koplowitz. Allí se había casado con Marta Chavarri en diciembre de 1991. La finca ya tenía mucha historia sentimental el día que llegó a ‘Las Cuevas’ por primera vez Elena Cué a la montería, como acompañante de uno de los invitados.

Se quedó fascinada
La joven acababa de terminar una relación larga y formal. Al conocer a Cortina se quedó fascinada por su personalidad. El banquero tiene fama de ser un hombre encantador, amable, generoso y con un gran sentido del humor .Un hombre de mundo, hijo de Pedro Cortina Mauri,embajador de España, que luego sería ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno de Franco. Desde aquel día no volvieron a separarse. Tuvieron un noviazgo tradicional, a la antigua usanza. Elena siguió viviendo en casa de sus padres, de donde salió para casarse, pero su vida dio un giro total. Tuvo que aprender a ser el foco de atención de la prensa y la opinión pública desde el día que los fotógrafos la descubrieron junto a Alberto Cortina,cuando salían de una comida en el hotel Ritz,de Madrid.

Todo eran especulaciones sobre la identidad de aquella guapísima joven, de belleza racial y mediterránea, ojos oscuros y un cuerpo espectacular. Pronto se descubrió su afición por el tiro al pichón; las cámaras seguían su participación en distintos campeonatos. Elena era una gran tiradora, con futuro en las competiciones internacionales.

Pero la expresión de Alberto Cortina siguiéndola por los campos de tiro del país era seria y molesta. El banquero ya había tenido suficientes dosis de celebridad a causa de algunos llamativos asuntos económicos, la separación de «los Albertos » de las hermanas Koplowitz,el matrimonio y divorcio de Marta Chavarri... El financiero no quería seguir siendo el foco de atención de la prensa, que no tenía limitaciones para hacer su trabajo en un acto deportivo y les seguía a todas partes cada fin de semana.

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