Humberto Janeiro, que se va de 'Ambiciones', fotografiado en su nueva casa de Arcos de la Frontera

Diez y media de la mañana del pasado martes 11 de marzo. Humberto Janeiro, padre de Jesulín de Ubrique, y que desde hace más de un mes está separado de su esposa, Carmen Bazán, nos recibe en el chalé de dos plantas que, sito en la urbanización La Molinera, a unos dos kilómetros de la gaditana localidad de Arcos de la Frontera, acaba de alquilar en principio, por un año, y con opción a compra) esta misma mañana, y en el que piensa vivir a partir de ahora.

Se abre así una nueva etapa en vida del padre del diestro, y sucede esto antes de cumplirse setenta dos horas del regreso de Jesulín de Ubrique a los ruedos, hecho del que informamos en otras páginas de este mismo número. Y sucede, asimismo, esto a las veinticuatro horas de que haya salido a la luz en diversos medios de comunicación la noticia de que Humberto tiene un presunto hijo secreto.

En consecuencia, el padre de Jesulín es hoy doblemente noticia. Primero, por su decisión de vivir fuera de «Ambiciones »,razón por la cual se ha alquilado esta casa en Arcos. Segundo, por ese presunto hijo secreto, que él califica de ente de ficción, porque afirma rotundamente que únicamente tiene cuatro hijos, que son los cuatro que llevan su apellido, al tiempo que dice que está dispuesto a hacerse una prueba de paternidad.

Sin renunciar a nada
—¿Por qué se va usted de «Ambiciones », Humberto?¿Es que se lo ha aconsejado acaso su abogada antes de que el juez, pongamos por caso, le ordene salir del domicilio conyugal?
—De «Ambiciones » me voy fundamentalmente para evitar el agobio y el acoso a que me veo sometido, no por parte de los míos, sino por parte de la prensa y las televisiones, sobre todo, ahora con este invento de un hijo secreto que me han colgado, y que es algo como de ficción. No porque me haya aconsejado nada mi abogada ni porque me quiera anticipar a una decisión que pueda tomar en su día —o no tomar — el juez.. Pero también es muy cierto que lo hago porque me parece una postura lógica. Quieras o no, aunque no hay discusiones ni enfrentamientos, existe una tensión familiar, o, mejor dicho, una tensión entre Carmen, mi ex mujer, y yo, ya que, entre otras cosas, no nos dirigimos la palabra. Por eso creo que lo más correcto es que yo salga de la casa y le deje el sitio a ella. Para mí tiene preferencia mi mujer en este sentido. Que ella siga en la casa el tiempo que quiera. Pero, ¡ojo!, el que yo me establezca ahora en Arcos de la Frontera no quiere decir que renuncie al usufructo que tengo de «Ambiciones » por deseo y decisión de mi hijo. No renuncio a nada en absoluto, aunque me venga a vivir aquí. Esta decisión que ahora he tomado está tomada mirando por el bien, en primer lugar, de Carmen; en segundo lugar, para tener yo más tranquilidad, porque no es plato de buen gusto, ni para Carmen ni para mí, seguir como estamos. Pero que quede muy claro que yo no he quemado las naves en «Ambiciones ».Ni me he cerrado ninguna puerta
—La gente,con la idea que se tiene de usted, dirá:«Este no tarda una semana en meter a una señora en este chalé »
—Pues no. Puede ser que algún día suceda eso, porque mi vocación no es la soledad, ni me voy a volver un ermitaño. Además, ¿qué delito he cometido yo para tener que pasarme el resto de mi vida solo? Probablemente, pasado un tiempo conviva —casarme, no; casarme, nunca — con alguna mujer,, sea quien sea, que no sé quién podrá ser. Pero llegado un momento determinado, creo que tengo derecho a rehacer mi vida. Sin embargo, por ahora voy a vivir aquí solo e intentaré pensar qué sentido le voy dar a mi vida a partir de este momento
¿Y cómo se las va a apañar usted aquí?
—Pues ya he hablado con una señora mayor, que va a venir a arreglarme la casa
—«Señora mayor » ha dicho..
—Mayor, mayor, por supuesto. Para que no haya confusiones. Y siendo así no creo que nadie vaya a pensar mal.
—Pero ya sabe usted que, en el Génesis, Dios dice:«No es bueno que el hombre esté solo »
—Por eso precisamente decía que no tengo vocación de soledad. Sé que dice eso la Biblia.
—Claro, que, a veces, Humberto, vale más estar solo que mal acompañado.
—Eso ya no lo dice la Biblia. Pero es una gran verdad. Aunque creo que no será mi caso. Yo hasta ahora nunca he estado mal acompañado. Me estoy refiriendo a mi mujer, que ha sido una gran señora toda su vida. Ojalá que si encuentro otra pueda ser, por lo menos, muy parecida a Carmen

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