Confidencias de Jesulín de Ubrique

Jesús Janeiro Bazán (Jesulín de Ubrique) nos recibe a media mañana en su dehesa,’Ambiciones’,entre el verdor de la serranía gaditana y los mugidos del ganado bravo de los alrededores. El torero reaparece el próximo 8 de marzo en Olivenza (Badajoz)y en estos días ultima su preparación física.

Hoy mismo acaba de regresar de un reconocimiento en Cádiz, y el diestro ríe narrando cómo los médicos le pedían hacer ciertos movimientos corporales, en su convencimiento de que no podría realizarlos. Para Jesús ha sido un golpe bajo que la empresa de la Maestranza haya descartado su presencia en la Feria de Abril, "ante la precipitación que supone torear en Sevilla sin preparación", según los organizadores.
- Me encuentro bastante recuperado físicamente, intentando coger cada vez más musculatura, en condiciones perfectas para ejercer mi profesión. De ilusión estoy a tope. Por otra parte, ya he hecho mi puesta a punto. Ahora todo lo que hago de rehabilitación y de ejercicios es un suplemento para mi salud, para encontrarme bien: con el ejercicio me siento mejor, aunque ya he recibido el alta médica.

- ¿Qué te mueve a reaparecer?
- El regresar a mi profesión ha sido una decisión muy personal. Por ser torero, por el riesgo que tiene uno, ningún médico me ha dicho que estoy apto para volver a los ruedos. Una vez que he empezado a hacer mi vida normal, me lo he pensado mucho, he entrenado mucho y luego me he visto en condiciones de tomar una decisión. Con ésta no ha tenido que ver ningún médico
- ¿Aún tienes dolores, molestias?
- Todavía tengo secuelas, es algo normal. Hay que darse cuenta de que en mi cuerpo hay algo extraño los implantes de hierro que me pusieron en la columna —,y al hacer ciertos movimientos noto como un reflejo o un pinchacito. Afortunadamente, no tengo grandes molestias y puedo hacer todo tipo de ejercicios: agacharme, levantarme, doblarme. La rehabilitación que hago ahora es para tener mayor elasticidad
- ¿Te quita el sueño ponerte delante de un toro el ocho de marzo?
—No es que me quite el sueño, no siento agobio ni temor por reaparecer, pero sí que me preocupa. Tengo una gran responsabilidad. Para mí, Olivenza va a significar mucho. He de ir muy mentalizado, muy preparado. Quiero que todo salga bien

Catorce años de matador de toros
- ¿Los aficionados se van a encontrar a un nuevo Jesulín de Ubrique?
- No hay variación alguna entre este Jesulín y el de hace años. Ya todo el mundo conoce mi estilo, mi forma de interpretar el toreo. Son catorce años de matador de toros; podré gustar más o menos, pero mi estilo está bastante definido. El motivo de mi vuelta a los ruedos ha sido algo personal: creo que tengo que aprovechar que Dios me ha dado la oportunidad de estar delante de un toro. Además, si tengo que decir adiós a mi profesión, lo quiero hacer con todos los honores, no a causa de un accidente de tráfico. No vengo a descubrir nada, sino que voy a procurar estar a la altura de mi profesión y de lo que puedo ofrecer
- ¿Cuándo tuviste deseos de volver a torear?
- Lo último que hay que perder es la esperanza, lo digo como consejo para todos los enfermos. En mis circunstancias, tras el accidente, en los momentos tan críticos que viví, para mí lo de menos era torear. Lo importante era salvarme y poder llevar una vida lo más digna y normal posible, sin depender de nadie. No fue fácil aceptar eso de la noche a la mañana. Sin embargo, lo hice .Una vez que conseguí una vida normal, me esforcé por volver a torear; nunca perdí esa esperanza
- ¿Te han aconsejado los médicos llevar alguna protección en la zona corporal dañada?
—Fui yo quien pensó en un corsé; no era una recomendación médica. Comenté a los médicos que había decidido volver a torear; les pregunté qué podía hacer para proteger, en lo que cabe, mi lesión. Hemos conseguido un corsé muy reducido, nada aparatoso y bastante cómodo. Lo hemos recortado mucho, y al final ha quedado una especie de armadura. De todos modos, todo esto es psicológico, porque lo que tenga que pasar, pasará

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