Rafa Camino y su esposa, Natalia, esperan su primer hijo

—En noviembre de dos mil uno os casasteis. Mira que os ha cambiado la vida en apenas dos años.
—Lo dices por lo de mi embarazo, ¿no?
—No, por todo. La boda, el niño...
—Desde el principio teníamos claro que queríamos ser padres jóvenes, Rafa sobre todo. Siempre estaba haciendo sus cálculos diciendo: «Cuando el niño tenga..., yo ya tendré tantos años».
—Natalia, tú trabajas, ¿no?
—Sí y pienso seguir haciéndolo hasta el final. Mi trabajo es muy relajado y cómodo porque sólo es por las mañanas. Por lo tanto, no voy a tener ningún problema en ese sentido.
—Rafa, aparte de tranquilidad, creo, Natalia habrá aportado algo más en tu vida.
—A mí me ha cambiado la vida. Ahora estoy en casa más que nunca.
—Se te ve encantado.
—Lo estoy.
—¿Sabes lo que pasa también?—revela Natalia— Que nos llevamos muy bien como pareja y nos gusta mucho estar juntos en casa. Por otra parte, los domingos solemos salir a comer fuera y, como Rafa es muy aficionado al fútbol, luego siempre vienen amigos a casa. Como los dos hemos salido por la noche, pues ahora...
—O sea, que a los dos os gustaba la noche.
—Hombre, como a toda persona joven. Sales y entras a menudo. Pero con Rafa también he encontrado la estabilidad. Me lo paso fenomenal con él.
—Ahora estoy en casa a las diez de la noche—confiesa Rafa entre risas—. Antes de conocer a Natalia ésa era la hora a la que salía.

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