Rafa Camino y su esposa, Natalia, esperan su primer hijo

—¿Te vas a cortar la coleta?
—No.
—Dices adiós, y punto.
—Mira, m gustaría que fuese el veintiséis de septiembre. Más que nada porque fue cuando tomé la alternativa. Sitio? Pues si me dices Nimes…
—Y encima formando terna con Miki Litri, que aquel día compartió cartel contigo en Francia.
—Pues no te digo nada.
—Digo, Natalia, que en el fondo te llevarás una alegría, aunque no parezca que la expreses exteriormente.
—Yo siempre he apoyado a Rafa. Conocí a mi marido de matador de toros, y es su profesión. Por eso no soy nadie, aunque sea su mujer, para decirle que deje los toros. Es algo muy importante para él: piensa que lleva dieciocho años de su vida en esto.
—Pero una alegría te llevarías cuando te dijo Rafa que lo dejaba.
—Sí, claro, pero te diré también que siento pena porque sé que Rafa lo va a pasar mal.
—Sí, pero para eso estás tú ahí. Además, si no se desvincula del mundo del toro totalmente...
—Sí, claro. Pero es un «gusanillo» difícil de dejar.
—Digo, Rafa, que ahora que vas a dedicarte completamente a tu vida familiar, quién sabe si formáis una familia numerosa.
—Sí, ¿no?—responde Natalia mirando a su marido.
—Vamos a ver primero —matiza el torero —, porque a lo mejor sólo vienen dos.
—Vosotros provenís de familias con hermanos.
—Sí —responde Rafa —.Yo tengo dos, y Natalia, tres. Fíjate, ellas son cuatro chicas y estamos pensando que sea un chico porque, de lo contrario, a mi suegro le va a dar algo.
—¿Nacerá en Madrid o en Asturias?
—En Madrid. Todo viene mejor. Pero a lo mejor sí le bautizamos en Asturias.
—Hablemos de los padrinos, Natalia.
—Pienso que la madrina será una de mis hermanas porque se trata del primer sobrino. ¿Sabes qué pasa? Pues que, como los abuelos ya han sido protagonistas de alguna forma del día de nuestra boda, nos apetecía más lo otro. Además, ya es muy importante el hecho de ser abuelo.
—Llegamos a la hora de los nombres.
—Rafa, seguro —dice ella con rotundidad.
—El tono que empleas es como si lo hubieras impuesto.
—¡Lo ha impuesto ella!—salta Rafa.
—No— aclara Natalia —. ¿Te puedes creer una cosa?
—Si tú me la dices...
—Elegir el nombre de los bebés es algo que nunca me ha llamado la atención, pero Rafael es un nombre que tiene mucha fuerza y, además, puedes llamarle Rafa cuando es pequeñito.
—Que no Rafi. Porque mira que has luchado para que no te llamasen así, Rafa.
—Eso espero, eso espero.
—Y si es niña, pues todavía no lo hemos pensando— añade Natalia.

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