Elie Saab, el modisto de las 'Mil y una noches' nos enseña su mansión cercana a Beirut

En unos años se ha convertido en el modisto preferido de las princesas, las Reinas y las esposas de Jefes de Estado. Elie Saab, principal representante de la renovación artística de Líbano, viste también a las estrellas del cine y de la canción. Para Elie Saab, la costura y la moda son su pasión, como los sueños infantiles que han acompañado durante toda su vida a este hijo de un comerciante de madera de Beirut. Sin embargo, el modisto de las princesas, padre de tres hijos, no olvida su vida familiar. Es junto a sus familiares el que resurge y se entrega a su trabajo con humildad y sin descanso, para seguir exaltando siempre la belleza de las mujeres. Ahora, Saab nos ha recibido junto a su mujer y sus tres hijos en su casa, situada en las montañas que rodean Beirut.

—Háblenos de su casa, de la cual nos abre usted las puertas.
—Esta casa es un refugio para mí y mi familia, mi esposa, Claudine, y mis tres hijos: Michel, de siete años; Selim, de diez, y Elie Jr., de once. Está situada en la montaña, en Fakla, a cuarenta y cinco minutos de Beirut por carretera. Allí nieva en invierno. Me siento bien en ella. En mi casa vuelvo a mis raíces.
—¿Con qué espíritu la ha decorado?
—Confié la decoración a un amigo. Ante todo, yo deseaba una casa sencilla, donde reinara la tranquilidad y la serenidad. No quería nada recargado. El resultado es el más adecuado para nosotros. Siempre es un placer reunirnos en ella en familia.
—¿Cuáles son sus prioridades?
—En el terreno profesional, seguir sublimando siempre la belleza de las mujeres, tratando por mi parte de progresar artísticamente, no durmiéndome nunca en los laureles y aún menos retroceder. Cada colección es un estrés y un desafío personal. En el plano personal y familiar, la vida de familia es esencial. No pierdo de vista la verdadera dimensión de las cosas y me tomo el tiempo necesario para saborearla. La vida me ha enseñado que el trabajo no es un valor absoluto. Lo que más cuenta es el ser humano. Por ejemplo, con mis hijos, si no puedo desayunar con ellos debido a un desplazamiento, principalmente al extranjero, me falta algo. Puedo confesarle que mis mejores momentos en mi vida son los que paso cerca de los míos.

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