El conde Lequio y María Palacios, vacaciones en la nieve

Alessandro Lequio y María Palacios comenzaron el año 2003 disfrutando de unos días de vacaciones dedicados a la práctica del esquí en la estación alpina de Zermatt, a la que se trasladaron después de pasar la Nochevieja en Madrid, y antes de que el conde se reincorporase a su trabajo en televisión.

Lequio es un enamorado de los deportes blancos. Los practica desde que siendo niño iba con su familia a esquiar, y de adolescente se convirtió en habitual, ya que pasó varios años en un internado suizo. Como experto, él mismo eligió el lugar para pasar las vacaciones, la estación alpina de Zermatt, situada muy cerca de Italia y que conoce a la perfección por las muchas veces que ha ido.

Zermatt es un pequeño pueblo de calles empedradas y de casitas de madera situado a los pies del impresionante Matterhorn, la segunda cima alpina en importancia después del famoso Mont Blanc.

Jornadas en la nieve
Su primera jornada blanca comenzó a las diez de la mañana, hora a la que les estaba esperando un profesor. Aunque Alessandro es un avezado esquiador, su novia era la primera vez que se ponía unos esquís. La experiencia fue muy gratificante para María, quien, desde el primer momento, mostró muy buena disposición para este deporte, hasta el extremo que, después de estar dos días con el profesor, al tercero se arriesgó a ir sola con Alessandro.

A diario, Alessandro y María se levantaban en torno a las ocho de la mañana, y después de desayunar en el hotel, se vestían con los trajes de esquí —azul él, rojo ella —. Cuando ya estaban listos, se dirigían a coger el remonte que los llevaba hasta las pistas de esquí.
El resto de los días dedicaron las horas diurnas a esquiar, parando únicamente a la hora del almuerzo, cosa que hacían prácticamente a pie de pista, ya que hay varios hotelitos y restaurantes dispersos a lo largo de las pistas. A partir del tercer día, María se sintió segura esquiando y dejó al profesor para recibir las clases de su novio.

El último día, María se atrevió a bajar desde las pistas hasta el pueblo, una costumbre típica de Zermatt, especialmente en los esquiadores más avezados, que pueden realizar este descenso en quince minutos, si bien otros tardan media o incluso una hora. Sin embargo, a mitad del trayecto, María tuvo que parar y coger el tren que la llevó hasta el pueblo.

La única nota triste fue el accidente que sufrió en Madrid la condesa de Montarco, tía carnal de María Palacios. La noticia preocupó a María, quien llamó a España para ver cómo evolucionaba su tía.

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