Isabel Gemio: "Si Nilo y yo volviéramos, tampoco seríamos la primera pareja que se reconcilia"

—Pero también puedes intentar remar a contracorriente de la vida, Isabel.
—Sí, pero, aunque tú quieras remar para un lado, ella te lleva para otro. Por eso ya no sé lo que va a ocurrir dentro de un mes. Vivo al día, siempre he vivido al día, y creo que es mejor así.
—De sorpresa en sorpresa... como tu famoso programa, ¿no?
—A mí me gusta así porque odio la monotonía. De ahí que, repito, me guste que la vida me sorprenda. Agradablemente, por supuesto, aunque también te sorprende de forma negativa, a base de darte palos. Creo que hay que estar abierto a que te sucedan cosas. Yo soy de mucho corazón, soy visceral, muy apasionada. Me guío más por el corazón que por la cabeza, y es que el corazón es muy inteligente, tiene también mucha cabeza. Al final, lo que nos mueve en la vida son los sentimientos. De acuerdo que hay que escuchar a ambas cosas —cabeza y corazón —, pero yo siempre voy más del lado de los sentimientos que del lado de la razón. Y no me ha ido tan mal.
—Estáis separados pero no divorciados.
—En noviembre hemos presentado la demanda de divorcio, que habrá que ratificar ante el juez cuando éste nos llame.
—Con Nilo nunca se ha roto el hilo, ¿no?
—Afortunadamente, no, nunca se ha roto. Cuando tienes hijos no se puede romper el hilo. Al menos yo no lo entiendo porque se tiene que hablar de los hijos, hay que ver a los hijos... Sé que hay parejas que terminan tirándose los trastos a la cabeza y acaban, a veces, odiándose. Yo me moriría si mis hijos no vieran un ejemplo adecuado, un respeto, un diálogo...En realidad, nuestros hijos no han visto ningún cambio desde que nos hemos separado. He luchado mucho porque haya esa cordialidad, ese buen entendimiento. Y la cosa ha funcionado por ambas partes. Los dos hemos hecho un esfuerzo y la relación es magnífica, eso es evidente.
—Es curioso: hay veces que al separarse, uno se lleva mejor con la otra persona. ¿Por qué, Isabel?
—Eso les pasa a muchas parejas. Tal vez suceda como cuando se está de novios, que sólo ves lo bueno. La cotidianidad es muy dura en las parejas.
—¿Es fácil convivir contigo?
—Tengo mis días. Pero no creo ser especialmente difícil. Hay que ceder espacio, ser comprensiva. Nuestra profesión es estresante y a lo mejor —o peor— lo pagas con la persona que tienes más cerca cuando llegas agotada a casa.
—Dicen que eso de tener dos cepillos de dientes en el mismo vaso... es duro en ocasiones.
—Creo que cada día más. Alguien dijo que lo mejor es tener cuartos de baño separados. Yo todavía no lo he conseguido. Quizá en la próxima, no sé.

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