Rocío Jurado navidades en familia junto a su marido y sus hijos

Está ,como quien dice, recién llegada del hospital. Pero su ánimo es el mismo. El de siempre. Quedamos en su casa de La Moraleja, donde la calefacción fluye con fuerza. Quiere Rocío Jurado calor para el color de su voz y su garganta. Ha pasado unos días ingresada por un enfriamiento, complicado con un proceso alérgico. Esas dichosas alergias intermitentes compañeras en la travesía de su vida. Ha hablado la artista de todo eso. Y de otras muchas cosas. De sus hijos José Fernando y Gloria Camila. Una Rocío Jurado del siglo en el que estamos. Además de extraordinaria cantante, es una aficionada muy grande a esto de la canción. Y lo va a ser siempre. Ya se lo decía Juanito Valderrama.

Tampoco es Rocío mujer de colocar barreras al campo. Eso lo sabe su marido, Ortega Cano, todavía con el arte de torear muy a flor de piel. Como siempre. Disfruta con lo suyo y quiere hacer disfrutar a todos aquellos aficionados que continúan confiando en él. Y mucho. Un torero pleno de facultades y de ilusión, querido y respetado por sus compañeros. Quiere cumplir treinta años como matador de toros y decir adiós por la puerta grande. Dos años le quedan de pisar el albero al único diestro en indultar un toro —un victorino — en la plaza de Las Ventas. Un dato para el 'Guinness'.Un hasta siempre con la sensación del deber cumplido, teniendo muy presente en todo momento el armazón de principios de aquel chico que vendía fruta en la madrileña Puerta del Sol, hoy vendedor de ilusión y afición vestido de oro. Vestida de plata y negro está hoy su mujer.

EL FOCO ESTABA EN LA ZONA DE LA NARIZ

—Digo, Rocío, que menudo colofón para el año que se va. Si de por sí no ha sido un año fácil, encima el tema de tu ingreso.
—He tenido un enfriamiento, con un componente alérgico tremendo, que me produjo una inflamación muy fuerte en las vías altas respiratorias. La laringe estaba un poco irritada del mismo catarro en sí, pero donde estaba de verdad el foco era en la zona de la nariz que está justo encima del paladar, interiormente, claro está.

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