Curro Romero y Carmen Tello nos abren las puertas de ‘Bellasombra’, la casa sevillana donde vivirán tras la boda

"Yo le admiraba desde niña"
—¿Qué fue lo que más te atrajo de Curro, Carmen?
—Yo le admiraba desde niña, mi padre me llevaba a la plaza a verle torear, pero cuando estás enamorada todo parece mejor. El es muy templado y yo muy vehemente; me da tranquilidad, me hace reflexionar. Es un hombre muy cariñoso y me ayuda absolutamente en todo. No es nada dictador ni nada machista, te deja tu libertad y ser tú misma, y eso que es celoso.

—¿Celoso de qué, Curro?
—Soy celoso, pero no soy el tipo «plasta» —dice el maestro—. Es que Carmen es muy guapa y la mira mucha gente, y las cabezas no se saben cómo piensan. Yo tengo toda la confianza en ella, pero hay miradas y miradas.

—También miran a la Giralda, Curro.
—Sí, pero hay formas de mirar y hay sitios donde se toman copas y la gente pierde el respeto. —¿Te batirías en duelo por ella?
—No soy peleón, pero si la molestaran sería capaz de darle una guantada a quien sea.

—Carmen es el gran amor de tu vida, Curro; se te nota.
—Sin duda, nunca había sentido nada igual; me hace más feliz que nadie.

—Es que cuando te enamoras por segunda vez —añade Carmen— estás más consciente de lo que es el amor. No me quiero meter en los sentimientos de Curro, pero cuando eres mayor y estás ensimismado en tu profesión, eres más joven, aprecias más las cosas, sientes más.

—Carmen, has estado con Curro varios años cuando estaba todavía en los toros. ¿Lo pasaste muy mal?
—Cinco años, sí. Yo era de las que iba a la plaza, porque prefería estar allí viendo lo que estaba pasando más que estar en casa pendiente del teléfono sin saber lo que ocurría. Un día que estaba en La Coruña y no me llamaba después del primer toro, creí que me moría. Luego resultó que habían cambiado un toro, que se había prolongado aquello, pero estaba muerta de angustia.

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