Curro Romero y Carmen Tello nos enseñan la casa donde vivirán tras la boda

Hace dos años que Curro Romero vive solo en Bellasombra, su primera casa de verdad, la que soñó durante muchos años. El día de su boda con Carmen Tello, el próximo 1 de marzo, ya será la casa de los dos, aunque, en realidad, ha sido Carmen quien le ayudó a encontrar el sitio ideal, a unos siete kilómetros de Sevilla, en una zona residencial tranquila, con amplias vistas sobre el campo del Aljarafe.

Carmen ha sido también, con la ayuda del arquitecto Joaquín Sancho, quien ha conseguido que el resultado final sea una espléndida mansión que recuerda a las casas inglesas de campo del siglo XVIII o a las residencias coloniales de las afueras de Nueva York o Boston. El jardín, también inglés, muy simple y ordenado, tiene palmeras traídas de Egipto, columnas de mármol o piedra de antiguas casas andaluzas, dos porches y una amplia terraza.

La decoración, a base de cretonas de flores, cuenta con telas sencillas en ocre o rojo oscuro para los sofás, un salón en azul, además de la sala con los trajes de luces de Curro y sus recuerdos taurinos. El comedor, muy del XVIII, va en tonos amarillos. Los cuadros demuestran que Curro es aficionado a la pintura y entiende. El resto lo ha dejado en manos de Carmen. Hay muebles franceses, como unos sofás de Ana María Abascal, la hermana gemela de Nati; suelos de roble y muchas antigüedades que Carmen y Curro han ido comprando poco a poco en los viajes que hacían mientras el torero estaba en activo.

—No hemos querido hacer una casa tipo cortijo, una casa de campo andaluza —asegura Carmen—.

Curro no quiere gente del campo trabajando para él, no le gusta mandar. Sabe bien lo que es trabajar de sol a sol en la tierra, lo hizo desde los diez años y no le trataron bien. Si aquella experiencia no hubiera sido tan dura, a lo mejor hoy todavía sería pastor, que es lo que hacía también.

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