Entrevista con Isabel Pantoja al concluir un año muy importante en su vida

—¿Qué sentiste al verte en el Liceo?
—Algo que jamás había sentido. Lo dije en el escenario y lo vuelvo a repetir: allí han cantado los más grandes de la ópera. Sentí que había ángeles en el escenario del Liceo. Mi público estaba allí, los que querían ver a Isabel Pantoja, a Maribel, porque cuando me piropeaban me llamaban así, como me llaman en mi casa, mi familia. En mi casa sólo hay una Isabel, que es mi hija.
—¿Cómo son tus hijos?
—Isabel es una niña con un carácter muy definido. Es escorpio, noble, muy noble. Mi hijo es todo lo contrario. Es acuario, muy generoso...,impresionante. Estoy muy orgullosa de mis hijos, de Francisco más porque es el mayor.
—¿De qué papel te sientes más orgullosa?
—Del de madre, siempre de madre. Si yo pudiera, mi final sería en la Cantora,rodeada de niños y perros. Sería feliz.

'QUE DIOS NO ME DEJE DE SU MANO'
—¿Ha pasado por tu cabeza la idea de dejar tu profesión?
—Todos los días, cada vez que me levanto y mi niña me ve con las maletas y me pregunta si me voy otra vez. Cuando me marcho a trabajar, Isabel no quiere ponerse al teléfono, me castiga y no quiere hablar conmigo por teléfono porque le da penita que no esté con ella.
—¿Qué esperas del año que viene?
—Ante todo, salud, y que Dios no me deje de su mano. Lo que tenga que venir, vendrá. Creo en el destino y vivo el día a día desde hace diecinueve años, cuando murió Paco.
—¿Cambió mucho tu vida?
—En este sentido, sí. Antes era joven y no me había enfrentado a una desgracia como ésa, quería ahorrar, tenía muchos proyectos. Me di cuenta que eso no era bueno, porque en cualquier momento me podía ocurrir algo y no había vivido, por eso, si se me antoja algo a mí o a mis niños, lo compro... Que tengo que hacer tres galas más, pues las hago, pero no me privo absolutamente de nada, ni los míos tampoco.

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