Entrevista con Carolina Adriana Herrera, hija de la gran diseñadora de moda

Carolina Adriana es, como mencionábamos anteriormente, la tercera de cuatro hermanas nacidas del matrimonio formado por el influyente hombre de negocios Reinaldo Herrera (quien, por cierto, tiene el título nobiliario español de marqués de Torrecasas) y su esposa, Carolina, una de las grandes diseñadoras de la moda internacional, afincada, como se sabe, en Nueva York. La firma que lleva su nombre, como es bien conocido, ha crecido en los últimos tiempos, incorporando cosméticos, complementos y perfumes con su nombre. Con Carolina Adriana hemos hablado sobre su vida profesional y personal y sobre su asentamiento actual en España.
—¿Cómo definirías a tu madre, a quien, como se sabe, estás muy unida?
—Pues con unas palabras muy sencillas pero muy reales: como una mujer tímida, muy bella y muy dulce.
—¿Cómo es un día corriente en tu vida?
—Depende de donde me encuentre en cada momento. Ahora voy a mi oficina todos los días. Estoy trabajando en una película y, por lo tanto, muy concentrada en ese trabajo. En realidad, siempre trato de centrar toda mi atención y todo mi esfuerzo en una sola cosa. Por eso intento no hacer lo mismo más de tres días seguidos. Como viajo muchísimo, me gusta relajarme y descansar en mi país en cuanto mis ocupaciones me lo permiten. En esos momentos, mi perro favorito, al que llamo «Pepito», se queda en la casa de campo de unos amigos míos.

'Ahora las cosas han cambiado'
—Entonces, ¿te gusta mucho viajar?
—Me encanta. El año pasado, por ejemplo, realicé un «tour » por toda Europa; eso sí trabajando intensamente. Cada día estaba en un país diferente. Pero ahora las cosas han cambiado. Estoy fuera de España sólo el tiempo justo, porque mi amor está en Madrid.
—¿Qué ha supuesto en tu vida mudarte primero de Venezuela a Estados Unidos y ahora a España?
—La verdad es que me acostumbro a todos los lugares muy fácilmente. Tengo una casa para vivir y no necesito demasiadas cosas para ser feliz, porque encuentro la felicidad dentro de mí. Lo único que necesito en la vida es amor y tener cerca a mi familia, pero no necesito un sitio determinado para vivir. En Madrid he encontrado un ambiente muy familiar, similar al que de niña y de joven tenía en Caracas. Totalmente opuesto, por cierto, al ambiente de vida y de trabajo de Estados Unidos, que es una locura.

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