—Usted lleva una vida sencilla, estudiando entre los estudiantes, y hoy trabajando en la Banca BNP de Madrid. ¿Eso es por obligación o por compartir mejor la vida de todos sus conciudadanos?
—Hoy en día nada nos es dado, por eso he cursado estudios y continúo formándome más, para así poder proseguir una carrera profesional. Efectivamente, estoy trabajando en la BNP-Parisbas, uno de los mayores grupos bancarios del mundo, y estoy muy contento con ello. Mi trabajo en el Banco, como antes mis estudios de Economía, me han ayudado a comprender desde el interior el funcionamiento de nuestra sociedad.
—¿Cómo compagina su vida diaria y esa pesada herencia histórica que heredó desde su nacimiento?
—En la vida debo conseguir una armonía y un equilibrio entre vida privada y vida pública, entre la vida cotidiana y la herencia histórica cultural de la que soy responsable.
—¿Cuáles son sus relaciones con los dirigentes franceses del mundo político, cultural, económico y religioso?
—Yo mantengo relaciones con los dirigentes del mundo político, cultural, económico y religioso, como lo demuestran las visitas que realizo.
—Y finalmente una última pregunta: usted tiene veintiocho años y sigue siendo muy discreto en lo relativo a su vida privada, aunque es uno de los últimos buenos partidos de Europa. ¿Qué espera de la mujer que quizá será un día la princesa que compartirá su destino?
—Espero que mi futura esposa, independientemente de las cualidades que tenga, sea una mujer que me ame por el hombre que soy, pero que respete también mis obligaciones y me ayude a asumir mis responsabilidades.

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