Ricardo Bofill confiesa su adicción a las drogas

Ricardo Bofill abandonó el pasado viernes 8 de noviembre la clínica Quirón de Barcelona en la que se ha sometido a un tratamiento de desintoxicación durante dos semanas y media.

El signo de la victoria
Mucho más tranquilo de lo habitual y haciendo con los dedos el gesto de la victoria, el joven, arropado por sus seres queridos en tan difíciles momentos, en esta ocasión por su madre, Serena Vergano, estuvo paseando y haciendo algunas compras en un mercadillo de la Ciudad Condal un día después de abandonar el citado centro sanitario.

"Estoy muy contento porque por primera vez en quince años soy yo mismo", confesaba Ricardo horas antes de finalizar el ingreso hospitalario. Su madre, por su parte, aseguraba: "Ahora tiene que hacer una vida normal".

Dura confesión
Durante su estancia en el hospital, Ricardo Bofill, de 37 años, concedió una entrevista a un conocido escritor catalán, Miquel de Palol, en la que reconocía el motivo de su internamiento en la clínica: su adicción a las drogas.

Bofill, que mantiene una relación sentimental desde hace ocho años con la cantante Paulina Rubio, ha estado en contacto diario con su novia durante su estancia en el hospital tal y como ha asegurado su hermano, Pablo Bofill, ya que ella se encontraba de gira por Estados Unidos con Enrique Iglesias.

‘Mi hermano me ha salvado la vida’
A medida que iba transcurriendo la entrevista, publicada este fin de semana por el diario El mundo, el hijo del popular arquitecto catalán cuenta como su hermano Pablo, quince años menor que él, tomó medidas para acabar con esta situación que le estaba llevando a convertirse en un "sádico hedonista". "Mi hermano -dice Bofill- me ha salvado la vida. Él es quién más me conoce. Me ha visto tomar drogas, tomar todo. Nunca pensé que iba a necesitar un tratamiento, pensaba que tenía el control. Estaba en contra, pero mi hermano dio la voz de alarma". Y añade: "La droga me había llegado a angustiar hasta el punto de automedicarme. Me había vuelto un egoísta, me había convertido en un exhibidor folcklórico de mi mismo metido en una espiral de falta de respeto por la familia, por la mujeres y por mí mismo. Era un sádico hedonista que causaba daño a los demás sin que me afectase".

Arrepentido de sus últimos comportamientos, quiso aclarar: "He de limpiarme, he decidido no decir más mentiras. Hay varios tipos de basura: la basura televisiva y las drogas están muy popularizadas. Yo no era aquella persona, era una máscara muy fácil de vender, y era muy vulnerable".

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