Ivanka Trump no se considera una niña mimada. La hija de Ivana y Donald Trump, que algunos consideran símbolos de la opulencia de los años ochenta, se crió en un magnífico apartamento que sus padres poseían en la Trump tower de Nueva York, el simbólico edificio del que Donald es propietario y creador.

Siempre con guardaespaldas
Acudía a un exclusivo colegio de Connecticut siempre bajo la protección de un guardaespaldas, "hasta los doce años tuve escolta las 24 horas de día" recuerda Yvanka, y disfrutaba de las colinas nevadas de Aspen y del sol siempre brillante de Florida durante sus vacaciones.

Sin embargo, ella insiste en que sus padres se encargaron de transmitirle unos sólidos principios morales que le han guiado durante sus veinte años de existencia y que, incluso después de su sonado divorcio cuando Yvanka sólo tenía 8 años, ha contado incondicionalmente con su apoyo.

A los seis años ya tenía secretario
"Mis padres me educaron haciéndome ver que tienes que trabajar y que nada viene en bandeja de plata", cuenta Yvanka, pero ella con sólo seis años ya tenía a un secretario que se encargaba de organizar su agenda y un año después, a los siete, recibía sus primeros diamantes como regalo.

Orgullosa, inteligente, segura de sí misma y además muy guapa, la joven Yvanka quiso probar a los catorce años el mundo de la moda. Su madre, que en un principio no apoyó su decisión, se convirtió entonces en su más fiel guardiana y no había desfile en el que participara la hija de Donald Trump, en la que no estuviera Ivana.

Su debut como modelo
Trabajó con Thierry Mugler, Jean-Paul Gaultier y Versace, entre otros. Posó para las revistas Seventeen, Glamour y Elle y todo porque, según dijo, "yo misma tengo que pagar todos mis gastos, excepto las cuotas de Choate - el exclusivo centro académico en el que estudiaba- Mi madre me hace pagar incluso mi cuenta de teléfono".

Y sus gastos incluyen los continuos viajes en avión privado a las mansiones que su padre posee en Aspen, donde practica el esquí, uno de sus deportes favoritos, y a Mar a Lago, la fabulosa residencia de Donald Trump en Florida.

El mundo de la moda, que ya conocía porque era asidua a los desfiles desde que de niña acompañaba a su madre, la defraudó profundamente. Lo encontró superficial y lleno de envidias así que tomo la decisión de seguir los pasos de su padre.

Estudiante en Georgetown
Ivanka, que el pasado 30 de octubre cumplió 21 años, es ahora una estudiante más en la prestigiosa universidad de Georgetown. Cuando finalice sus estudios económicos está decidida a continuar la labor de su padre. De momento, se ha alejado de los vestidos de alta costura y procura vestirse como cualquiera de sus compañeras de clase. Cuando quiere lucir algún diseño de firma recurre sin problemas al guardarropa de su madre: "Mamá y yo somos totalmente opuestas en ropa. Le cojo prestados sus tacones y complementos pero en ropa somos totalmente opuestas", confesaba la joven en una entrevista reciente a la revista Elle.

Muy unida a los suyos
Ivanka divide su tiempo sin problemas entre su padre y su madre. Siente verdadera admiración por Donald y le gusta compartir con su madre los veranos en la Costa Azul. Está muy unida a sus hermanos, Donald de 24 años y también hombre de negocios, y Eric, de 17. Con ellos comparte sus grandes aficiones, el esquí, la natación y la música clásica, Yvanka es también una gran pianista a la que le gusta estudiar escuchando a Mozart.

Pero ante todo, la joven Trump presume de tener una vida muy rica, y no sólo materialmente: "No respeto a los niños ricos sin motivaciones", asegura.

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