Camila Naranjo: 'Humberto Janeiro es un amigo muy especial. Nada más'

Se llama Camila Naranjo Pérez, tiene cuarenta y tres años, se casó a los diecinueve, separándose a los veintiocho, y se quedó viuda (no se había llegado a divorciar) hace unos cinco. Camila, madre de un hijo de veintitrés años, vive en la localidad gaditana de Prado del Rey, donde tiene una empresa inmobiliaria y de seguros —Gestsierra 21—, a la vez que lleva la franquicia de Halcourier, firma de envíos urgentes. El nombre de Camila ha saltado recientemente a los medios de comunicación a raíz de su amistad con Humberto Janeiro, padre de Jesulín de Ubrique. Visitamos a Camila Naranjo Pérez en su oficina de Prado del Rey, y nos dice: —Soy una mujer que, desde los trece años, no ha hecho más que trabajar. Cuando me separé, con veintiocho años (fue de mutuo acuerdo, mi marido no me puso problemas de ningún tipo, porque era una excelente persona, lo mismo que lo es su familia, ya que mi suegra ha sido para mí como una madre), no me atrevía ni a salir a pasear por la calle peatonal del pueblo. Iba de casa al trabajo —sólo es cruzar la calle— y del trabajo a casa. Y sé que decían, refiriéndose a mí: "Vamos a ver a la viuda (por cierto, todavía no era viuda) de Prado del Rey, que es una mujer muy guapa. Pero de mí nadie ha podido decir nada hasta hoy. Por otra parte, hasta hace cuatro años o así, ni me arreglaba. Siempre iba con mis vaqueros y no salía a ningún sitio. Pesaba catorce kilos más que ahora, hasta que un día decidí ponerme a dieta, y ahora me veo mucho mejor".

—Y un día conoce usted a Humberto Janeiro...
—Yo tenía un pequeño negocio de marroquinería, y las cosas empezaron a irme mal —lo mismo que a todas las pequeñas empresas del pueblo dedicadas a los negocios de la piel— cuando los chinos empezaron a hacernos la competencia. Un día, un amigo mío me dijo: "Va a venir a verte un señor que te puede ayudar, porque te puede hacer pedidos grandes". Ese señor vino y era... Humberto. Así le conocí. Las cosas iban, como digo, mal y me propuso montar con él un negocio inmobiliario, y así empezamos a través de unos amigos suyos de Ubrique. Posteriormente hicimos una cosa de terrenos para Mercadona. Pero ahora ya no estamos en sociedad. Yo tengo mi empresa, que es sólo mía.

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