Humberto Janeiro, padre de Jesulín de Ubrique, aclara su situación familiar

—¿Y el nombre de Camila Naranjo, una viuda de Prado del Rey, le suena de algo?
—¡Cómo no me va a sonar! Camila es una señora con la que tuve algún negocio hace ya un par de años. Después lo dejamos porque ella ya tiene una oficina de mensajería. Entre nosotros hay también mucha amistad porque nos ha llevado cosas de seguros a nosotros y hemos tenido también un negocio inmobiliario. Nos une una gran amistad …pero nada más.
—Pues se dijo que tenía usted un hijo … — —Ella es viuda, tiene un hijo de veintidós años y yo la conozco desde hace … tres años y pico..La cosa está más que clara.
Si a usted le pidieran hacerse una prueba de paternidad, no en este caso concreto, sino en general, ¿se la haría?
—Yo sí. Se lo digo con toda la seguridad del mundo. Yo no soy la persona que creen algunos, no soy como me pintan muchos. Soy el hombre más normal del mundo. Y no me dedico a eso, es decir, a tener hijos tirados por ahí. Los que tengo son los cuatro que he criado. Ninguno más.
—¿Usted pondría la mano en el fuego por su mujer?
—Por supuesto.
—¿La pondría ella por usted?
—No sé … Tal vez se lo pensaría un poco. Quizá más por los comentarios que por los hechos, aunque ella me conoce desde hace cuarenta años y sabe que no soy capaz de cosas extrañas. Puedo hacer lo normal que pueda hacer cualquier hombre, nada más, pero no me salgo de ahí.
—Su mujer dice que los hombres mienten más que las mujeres. ¿Es eso cierto?
—Creo que sí. El hombre quizá tiene que mentir … por obligación.. La mujer, por error. Error y equivocación es lo mismo, pero … no sé cómo decirlo.—Su esposa también dice que en todas las parejas hay crisis, con lo que está admitiendo que entre ustedes la hay, la hubo o la están pasando …
—Hombre, crisis hay en todos los matrimonios. La crisis es algo que se inventó desde que hubo el primer matrimonio … y seguirá existiendo.. Pero las crisis están para superarlas y, de hecho, se superan en su mayoría.
—Carmen afirma, asimismo, refiriéndose a una posible infidelidad suya, que ella hasta que no lo vea no lo cree. Es como Santo Tomás, ¿no?
—Es que, en el fondo, mi mujer pasa de comentarios porque ya hemos pasado por otros muchos referidos a mi hija, a mis hijos … Ahora me ha tocado a mí.
—Pero ¿no cabe el peligro de que Carmen Bazán esté adoptando la postura del avestruz?
—No, no. Mi mujer ahí no llega. Además, ella se lo merece todo y se merece estar donde está. Yo quizá me he equivocado un poco más por algunas amistades, por salir más … Pero el que me quiera demostrar algo, que me lo demuestre.

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