— Tú has dedicado mucho tiempo a los enfermos de cáncer, sobre todo de leucemia, visitándoles de forma anónima en los hospitales, estando al lado de los niños, llevándoles juguetes … y ahora te preocupas de ellos.
— Les he llevado esperanza, demostrándoles que se podía salir como yo había salido, convirtiéndome en buque insignia, el espejo en quien se miraban, como yo me miré en José Carreras cuando estuve enferma por primera vez y en el que por supuesto me seguiré mirando. Me queda el consuelo de que estos años que he ayudado a tantos enfermos compartiendo los momentos con ellos y sus familias, he aprendido muchísimo, me han demostrado muchísimas cosas, además de su propia experiencia, y quiero decirles que todo lo que me han demostrado que han sido capaces de hacer en su lucha contra el cáncer han sido lecciones que ahora me van a ayudar en mi propia lucha. Para mí es volver a empezar.

— Has ido dosificando la noticia pasa a paso, Sandra, y a base de entereza, y todo por no causar dolor a los demás, atendiendo llamadas y disimulando o no atendiendo a algunos amigos y familiares que te lo iban a notar.
— Me planteé el silencio porque tenía miedo de que mi madre y mis hermanos se enterasen por algún medio de comunicación, ya que debía ser yo quien se lo dijera, y quería ganar unos días para ahorrarles el disgusto el mayor tiempo posible. A Pedro Ruiz se lo dije nada más enterarme, porque en ese momento llamó a mi teléfono y a él no le iba a engañar, porque me conoce muy bien. A Pedro siempre le estaré agradecida por lo bien que se portó conmigo en la otra ocasión, y forma parte de mi entorno más cercano y familiar. A mi madre y a mi familia se lo he dicho tres días después.

— Sandra, esto va a preocupar en principio a todos los que te conocen, tú eres una persona muy querida.
— Cuando te dicen que padeces lo que padeces, lo primero que se te viene a la mente es hacer examen de conciencia, y en ese sentido yo siento una gran paz, porque me he portado bien con todo el mundo, siempre he estado allí donde me han necesitado y no tengo ninguna deuda pendiente. No pienso que tenga que pedir perdón a nadie por una mala acción, ni de palabra, ni de hecho porque mi madre nos ha dado a mis hermanos y a mí una educación exquisita, enseñando nos a respetar a los demás y no hacer daño a nadie. Sólo hemos tenido que seguir su ejemplo.

— Sandra, sé que estás muy unida a tu familia y que su apoyo te reconforta y te da seguridad.
— Mi familia somos una piña y ellos son mi mejor medicina. Tener a mi madre a mi lado, a mis hermanos, Claudine, Beatriz y César, a todos en general, es algo que me da fuerzas y me anima a seguir adelante. Tengo mucha suerte de tener una familia tan maravillosa.

Muy enamorada y feliz junto a Sergio
— En este momento no estás sola, mantienes una relación sentimental que sin duda va a ser otro apoyo muy grande para ti.
— Sí, tengo a mi amor. Hace tres años que nos conocemos, él siempre se había fijado en mí y poco a poco me fue ganando hasta que consiguió enamorarme. No ha salido a la luz porque lo hemos llevado discretamente. El respetaba mi profesión y yo la suya, que no tiene nada que ver con la mía. Sergio es un hombre que me quiere mucho y a su lado me siento protegida y más en estos momentos tan duros que nos toca vivir.

— Sandra, sé que tienes mucha confianza en tus médicos.
— Ahora me voy a poner de nuevo en manos del equipo de Fernández Rañada, del hospital de la Princesa, porque son eminencias en oncología, en los que confío plenamente: el doctor Cámara, la doctora Figueras … Además, desde la otra ocasión a ahora la Medicina ha avanzado mucho, la terapia que me dieron antes y el tratamiento que vaya a seguir ahora seguro que no tienen nada que ver. La ciencia progresa día a día y cada vez hay más medios para las investigaciones. Quiero decir desde estas líneas a todos los que colaboran en la lucha contra el cáncer, como yo lo hice antes y lo seguiré haciendo, que no bajen la guardia, que hay que continuar luchando. Ya lo he pasado y superado una vez y lo voy a vencer de nuevo.

— Sandra, una mujer tan vitalista como tú no puede vivir sin trabajar. Seguro que volverás pronto.
— El trabajo para mí es fundamental. Ahora tendré que aparcarlo un tiempo para poder seguir los tratamientos que me pongan, pero cuando me sienta fuerte, claro que voy a trabajar igual que lo hice en la etapa anterior.

— Es difícil ponerse en tu piel, en tu mente desbordada por los acontecimientos, tus dudas, tus inquietudes, tus miedos, tus esperanzas …
— Ni siquiera yo sé explicar lo que siento. Me duele el alma, pero a la vez tengo tanto amor a mi alrededor … No sé lo que me depara el destino, por eso mi cabeza y mis pensamientos son imprevisibles. Espero encontrar la paz y una solución lo antes posible. alrededor …!»

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