Sandra Ibarra, enferma de cáncer

A la modelo Sandra Ibarra le diagnosticaron leucemia en mil novecientos noventa y cinco, concretamente en el mes de marzo. El 1 de diciembre del mismo año se sometió a un trasplante de médula ósea. Su donante sería su hermano César y el trasplante, todo un éxito, un logro de la Medicina y del tesón y las ganas de vivir que ella tenía. Las mismas que tiene ahora cuando, tras una revisión, se ha enterado de que después de siete años desgraciadamente sufre de nuevo la enfermedad que un día había vencido. Por eso el valor humano que tienen estas declaraciones está fuera de todo sensacionalismo y morbosidad. La entereza con la que afronta la modelo, a pesar de su juventud, lo que le ha tocado vivir es una lección de valentía y de serena madurez.

—Lo más cruel en estos momentos para mí es ver sufrir a los míos, pero ya lo hemos pasado una vez y vamos a superarlo de nuevo. Mi madre no cesa de repetirle en voz alta a Dios que por qué le hacía esto, que ella le había pedido siempre salud para sus hijos. Aun así, ella es la que me da la fuerza y por ella seguiré luchando por la vida.

— Sandra, ¿por qué has decidido hablar sobre tu recaída?
— No deseo que se especule con mi enfermedad, y ocultar algo así me resultaría casi imposible, todos se extrañarían de mi alejamiento de la vida pública y empezarían los rumores. Prefiero ser yo quien cuente lo que me pasa y he elegido este camino porque para mí es menos duro explicar todo de una vez y que se entere todo el mundo por estas declaraciones, que hablar persona por persona, amigo por amigo y percibir el dolor de todos sumado al que ya tengo yo. Serían demasiadas 89 88 emociones juntas y ahora eso no puedo permitírmelo. Soy una persona pública, en cierta medida conocida, y comprendo que mi caso vaya a tener trascendencia, pero todavía ni yo misma sé a lo que tengo que enfrentarme, por lo que pido respeto. Ahora necesito tiempo y lo quiero todo para mí, con un mínimo de privacidad, para ponerme en manos del equipo médico que lleva mi caso, arropada por toda mi familia y mis seres más queridos.

— ¿Ha sido ésta una revisión periódica o acudiste a hacerte pruebas por alguna razón?
— Como cualquier paciente que ha tenido cáncer, he acudido a todas las revisiones periódicamente, durante siete años, y los resultados han sido excelentes. He pasado un verano regular, tuve un catarro fuerte: el aire acondicionado en los aviones, los restaurantes, en todos lados, no me sienta bien. Una vez me dijo José Carreras que mientras él en los aviones va tapado con una manta, los demás pasajeros van en manga corta y le entendí, porque a mí me pasa lo mismo. El pasado once de septiembre acudí al hospital por síntomas que no me eran ajenos. En el fondo de mi corazón presentía lo que se me venía encima si mis sospechas eran ciertas.

— ¿Quién te comunica el resultado desfavorable?
— Mi hermana Beatriz, a la que llamaron sobre las cuatro de la tarde para comunicárselo y para que me avisara que al día siguiente tenía que someterme a una punción medular. Mi hermana me lo ocultó queriendo prolongar al máximo ese duro instante hasta las ocho en que ya no pudo más. Imagino cómo lo tuvo que pasar en esas cuatro horas de silencio, sufriéndolo ella sola. Me siento orgullosa de su fortaleza y de su bondad.

Para mí es volver a empezar
— Sandra, ¿cómo se afronta una noticia tan dura?
— Todo el mundo se ha empeñado en que soy una mujer fuerte, pero yo la fuerza la saco para mitigar el dolor de los demás. En la primera persona que pensé fue en mi madre, el sufrimiento que le iba a causar a ella, a mis hermanos, a mis abuelos, César y Gloria; a toda mi familia y a todos los que me quieren. Esta noticia tan inesperada produce escalofríos y se tarda en asimilar. Lo que sucede es que el paciente que ha tenido o tiene cáncer se mentaliza rápido, porque sabe que le toca luchar y cuanto antes, mejor.

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