Athina Alexandra Roussel Onassis desea, ante todo, disfrutar de su vida como cualquier otra niña de su edad. Vive con su padre Thierry Roussel y su mujer, la ex modelo sueca Gaby, en una bonita villa de la localidad suiza de Lussy-sur-Morges. Con los tres hijos del matrimonio: Eric, Sandrine y Johanna comparte sus juegos y risas. Sandrine y Athina son, además, grandes aficionadas a la hípica y compañeras en el mismo equipo con el que ya han 2001-03-07,roussel, entre ellas el Campeonato internacional de saltos de Mónaco.

Como cualquier otra niña
Su madre, Cristina Onassis, se crió entre el chic apartamento parisiense de la avenida Foch, el fastuoso yate de 100 metros de eslora que llevaba su nombre y la isla de Skorpios, propiedad todo ello de Aristóteles Onassis. Pero Athina Alexandra, el primer nombre en recuerdo de su abuela materna y el segundo, como el del único hermano de su madre, ha tenido una infancia más normal.

Cerca de Lausana, con el lago Geneva como testigo de sus juegos y sabiendo que 2001-08-17,roussel. Practicando sus aficiones favoritas, el tenis y el esquí; yendo al colegio al que van sus hermanos y, sobretodo, alejada de lujos innecesarios y teniendo siempre cerca el apoyo de su familia.

La herencia de su madre
Todavía le llaman la niña más rica del mundo, una fortuna de la que no podrá disponer totalmente hasta dentro de un año, cuando cumpla la mayoría de edad. Y, sin embargo, esa riqueza ya le ha causado algún contratiempo. Cuando su madre, Cristina, falleció, Athina sólo tenía tres años y pasó a ser su heredera universal.

El legado de Cristina incluía la mitad de los bienes de Aristóteles Onassis además de la herencia de Athina Stavros, primera esposa del armador griego y madre de Cristina. El magnate había establecido, en un testamento manuscrito, que su fortuna se dividiera en dos partes iguales: una para la fundación que lleva el nombre de su hijo Alexander, trágicamente fallecido cuando sólo tenía 25 años en un accidente de avión, y la otra para su hija Cristina; si bien estipulaba, asimismo, que un consejo debía ser el encargado de administrar el patrimonio de Cristina y ella debía percibir una cantidad anual.

Una dura pugna
Por su parte, en el testamento de Cristina Onassis se decidía que cinco administradores, uno de ellos Thierry Roussel, se encargarían de la fortuna hasta que su querida hija cumpliera los 18 años. Las diferencias entre el grupo causaron que Roussel aspirara a la administración única y en 1999 un juzgado de Suiza disolvió el grupo y determinó que un fiduciario independiente de Lucerna se hiciera cargo de la herencia hasta dentro de un año, cuando ella pueda decidir que desea hacer con sus bienes.

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