El joven torero que llenaba las plazas de mujeres, rebelde, siempre sonriente, con fama de conquistador, adulador, osado y aparentemente despreocupado ha quedado atrás. La vida de Jesulín de Ubrique cambió tras el grave accidente que sufrió el pasado 23 de septiembre. Más calmado, reflexivo y con nuevas prioridades, el torero gaditano, de 28 años, se muestra ahora más cauto y reservado y no duda en señalar la importancia de su ya esposa, María José Campanario, en esta nueva etapa de su vida.

"Es una mujer que ha llegado en un momento importantísimo de mi vida y se lo agradezco a Dios", confesaba el torero poco después de abandonar el hospital Virgen del Rocío de Sevilla en el que se recuperaba de sus lesiones.

Él, que tantas veces ha arriesgado su vida enfrentándose al toro, tomó conciencia de que deseaba dar un giro a sus valores a raíz del grave accidente. El amor y la dedicación que María José le demostró esas semanas, las más difíciles en la vida del diestro, hizo el resto. La joven no se separó de su lado y él se dio cuenta de que era con ella con quien quería pasar el resto de su vida.

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