Álvaro de Marichalar finaliza en Nueva York su Expedición Atlántica

La Expedición Atlántica ha llegado a su fin. Ayer arribaba Álvaro de Marichalar en Nueva York, portando banderas de todos los países que ha pisado en más de cinco meses de travesía, visiblemente emocionado y con el orgullo propio de quien ha logrado el objetivo. Diez mil Millas Náuticas recorridas en moto acuática en 63 jornadas de navegación de 12 horas de media cada una han valido al deportista para establecer un récord mundial y cumplir el sueño de su vida.

Un 'adiós' ante la estatua de la libertad
Si en un principio su ruta iba a concluir en Miami, una vez que el navarro pisó tierra tras cruzar el Atlántico se decidió a poner el broche de oro a la aventura llegando hasta Nueva York y despidiendo su singladura ante la estatua de la libertad. Y eso fue justamente lo que sucedió ayer. Como testigos, numerosos amigos y familiares, además de curiosos y las cámaras de televisión de la NBC y la CNN, que transmitieron la triunfal llegada de Álvaro en directo. Por la noche, el Spanish Institute del Park Avenue albergó una cena de recepción al navegante y su equipo, fiesta que se prolongó hasta altas horas de la madrugada.

Muchos objetivos cumplidos
La Expedición ha supuesto el cumplimiento de un reto y un récord, pero también ha alcanzado otros objetivos determinados por Álvaro antes de partir de Roma: promocionar el deporte y la vida sana contra el alcohol y las drogas; hermanar las distintas naciones que ha tocado la Travesía mediante actos de fraternidad e intercambio de culturas; entregar las banderas de España, Navarra, Europa y la Expedición Atlántica en todos los puertos de recalada; y recoger todas las banderas de los países, regiones y ciudades por los que han pasado el aventurero y su equipo para llevarlas a la estatua de la libertad el día 24 de julio.

Finalizada su singladura, Álvaro viajará hasta Palma de Mallorca para pasar unas merecidas vacaciones y, después, retomará sus obligaciones profesionales al frente de su empresa, TeleSat, hasta que un nuevo sueño comience a merodear por su cabeza y le haga embarcarse en su moto acuática para cumplir alguna otra aventura.

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