Carmen Ordóñez ha decidido ingresar en un centro médico de Madrid para superar la crisis que atraviesa. El pasado viernes, la hija mayor del inolvidable Antonio Ordóñez llegaba a la clínica psiquiátrica especializada en desintoxicación San Miguel de las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón acompañada de una amiga con el fin de, bajo cuidados médicos, recobrar el ánimo del que siempre ha hecho gala. En principio, Carmen Ordóñez podría permanecer una semana en el hospital aunque su estancia depende del diagnóstico médico.

La visita de su hijo
Julián Contreras, su hijo menor y el único que reside en Madrid, fue uno de los primeros en acudir al hospital junto a su madre en tan delicados momentos. Julián, de dieciséis años, ha estado todo el fin de semana pendiente de su madre.

’El peor momento de mi vida’
Su ingreso en el mencionado centro se produjo sólo tres días después de que confesara en el programa de televisión De buena mañana, que emite Antena 3, que atravesaba 2002-04-16,momento. Una situación a la que, según comentó, había llegado tras los desafortunados acontecimientos que le habían sucedido en los últimos tiempos.

Unos duros meses
La crisis, aseguraba Carmen, se inició con el 2001-12-14,linatata el pasado mes de diciembre, continuó con la determinación de 2001-11-27-er contra Ernesto Neyra por malos tratos -querella que ha sido desestimada por el juez-, después llegó la separa-fran-eugeina de su hijo mayor, Francisco Rivera y en los últimos días las controvertidas imágenes de su reencuentro con José Luis Gómez, Pepe el Marismeño.

'Tantas cosas, tan duras,...'
Ni siquiera, recordaba Carmen, cuando murió su padre, el genial Antonio Ordóñez, había vivido una etapa tan dolorosa. "Tantas cosas, tan juntas, tan duras....", aseguraba en el citado programa de televisión. Su aspecto -está más delgada y su cara algo demacrada- también refleja esta crisis contra la que lucha desde hacía tiempo. De hecho, ha reconocido que desde que murió su madre, cuando ella tenía veintisiete años, necesita somníferos para dormir. Una costumbre que se convirtió en adicción cuando llegó a tomar cerca de 30 pastillas al día aunque en los últimos tiempos y, gracias a ayuda médica, sólo tomaba cinco.

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