Raquel Mosquera comienza a sonreír

Raquel ya no viste de luto riguroso, en su rostro asoma cada vez con más frecuencia la sonrisa que antes nunca le faltaba, tiene ánimos para disfrutar con su familia de unas vacaciones y, de nuevo, vuelve a preocuparse por su imagen. Un año y dos meses después de que su existencia cambiara drásticamente a causa del fallecimiento de su esposo, Pedro Carrasco, Raquel empieza a superar el golpe más duro que la vida le ha dado.

Centrada en su trabajo
Sin duda, su trabajo ha sido uno de los grandes pilares en los que Raquel se ha apoyado para superar tan amargo trance. Dos semanas después del fatídico 27 de enero de 2001, la joven madrileña volvía a trabajar en la peluquería que regenta en Majadahonda con la esperanza de que el cariño de sus compañeros, el trato con sus clientas y el estar tanto tiempo ocupada le ayudaran a mitigar el dolor que sentía.

El arrope de su familia
Además, Raquel ha estado en este tiempo permanentemente acompañada por sus padres y sus hermanos. Ellos la acompañaban todos los días a la peluquería cuando Raquel todavía no se encontraba con fuerzas para conducir desde la casa que había compartido con Pedro hasta la peluquería que había abierto con tanto esfuerzo. Y en su familia, encontró el soporte principal para soportar el duro trance que atravesaba.

Y fue precisamente con ellos con quien quiso disfrutar, hace unas semanas, de unas tranquilas y merecidas vacaciones caribeñas ahora que ya se encuentra con ánimo de empezar una nueva etapa en su vida.

También ahora tiene el ánimo suficiente como para emprender esa operación que le permite superar ciertos problemas de respiración que, al parecer, desde niña padecía y que le impedían respirar con normalidad.

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