Semana Santa, el recuerdo de una noticia que hizo historia

Fiel a una cita anual, entre impresionantes Cristos dolientes, desoladas Vírgenes dolorosas y rítmica monotonía de tambores que redoblan, llega, con sus procesiones, la Semana Santa. Una cita anual que nos trae el recuerdo de una historia que es santo y seña de la cristiandad: la historia de los tres últimos días de la vida de Jesús de Nazaret, durante los que, tras subir al Calvario, convirtió la cruz, símbolo de ignominia, en el camino hacia la luz.

Veinte siglos después, los hombres avanzamos por la vida cargando con nuestra cruz, porque la existencia es un camino lleno de encrucijadas y de sorpresas, ya que unas veces el viento sopla a favor y otras en contra. Y en este mar y en esta marejada que es la vida es preciso que, de vez en cuando, entremos en nuestro interior y examinemos el rumbo que llevamos para enfrentarnos a las dificultades.

Bueno es recordar, por otra parte, que siempre hay cruces que llevar, por ejemplo, las de nuestras limitaciones y debilidades, pero que de otras hay que deshacerse, como la de la autocomplacencia y la cobardía. Sin olvidarnos de ayudar a aquellos que cargan con la cruz de la marginación y la discriminación.

Si la existencia del ser humano está llena de luces y sombras es hora de aprender a caminar a la sombra de aquel que, siendo la luz, supo cargar con la cruz de todos. Porque hay una cruz que nunca debemos quitar de nuestros hombros: la cruz de la responsabilidad y la solidaridad.

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