Isabel Preysler se enfrentaba en 1986, y por primera vez, a la grabación de un anuncio publicitario. Como imagen de la firma Porcelanosa, con la que continúa colaborando, Isabel siguió con disciplina y buen humor los cuatro días que duró el rodaje en unas maratonianas jornadas que se iniciaban a las siete y media de la mañana.

Isabel contaba después como había vivido su experiencia frente a las cámaras: "Ha sido bastante duro. Por ejemplo, es bastante incómodo tener que estar doce horas seguidas con maquillaje y recibiendo, a cada rato, retoques. De verdad que yo no serviría para actriz. Lo reconozco".

Ella misma eligió los dos trajes con los que grabó el anuncio -uno de color rosa fucsia y otro verde- y añadía que al llegar a casa, su hija Tamara le preguntaba: "Mamá, ¿lo has hecho bien? Y me pedía después que le contara como había sido el trabajo qué tenía que hacer o decir...".

Isabel continúa hoy colaborando con Porcelanosa y se ha convertido en uno de los principales valores de la prestigiosa firma.

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