El Rey que rompió una tradición de doce siglos


Mohamed VI, decimoctavo Rey de la monarquía alauita. Emir y Príncipe de los Creyentes, descendiente directo del profeta Mahoma, a cuya justicia han de someterse el clero y los musulmanes. Representante supremo de la nación, símbolo de su unidad, protector de las libertades... Con derecho a caballo blanco y parasol y a que sus súbditos le besen la mano primero por el dorso y después por la palma.

Poder Omnipotente
En una monarquía omnipotente, fundada hace más de doce siglos, el Rey gobierna porque está escrito en la Constitución y, porque las dimensiones de su poder son ilimitadas. Así quedó escrito a la muerte de su padre, Hasan II, a mediados de 1999, cuando él, su primogénito, asumió las riendas del reino.

Conducir a Marruecos al siglo XXI
Mohamed VI, subió al trono un viernes de verano, el día más sagrado para los musulmanes, para asumir, con el discurrir del tiempo, el reto de conducir a Marruecos al siglo XXI y de completar la modernización de un país donde riqueza y pobresa se funden en perfecta armonía.
Desde entonces, el Rey ha concedido amnistías, reducciones de condena, ha indemnizado a las víctimas de la represión y ha lidiado con soltura su difícil posición. Mohamed VI reina sobre un País que suspira por llevar a buen término proyectos de una sociedad moderna que respeta los derechos humanos; pero también sobre un país en el que el discurso conservador de quienes defienden la tradición y la religión le frenan constantemente con sus críticas y reproches.

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