Álvaro de Marichalar saca a flote su embarcación tras un peligroso hundimiento

El sábado pasado, a orillas del río Tíber, en Roma, ponía en marcha Álvaro de Marichalar su pequeña embarcación para comenzar su apasionante aventura atlántica. El joven se dirigía a Nápoles, puerto donde había planeado hacer su primera escalada, y el estado de la mar, que se presentó muy calmada, era óptimo para una buena navegación. Nada hacía presagiar que el viento cambiaría súbitamente ocasionando un violento oleaje.

"Las primeras veinte millas fueron una maravilla, con el mar en calma. Pero cuando avistaba Ponza al frente, el viento cambió de repente a norte y se arboló la mar", narra Álvaro en uno de los testimonios que recogemos en el cuaderno de bitácora sobre la travesía que ofrece diariamente Hola.com.

El fuerte oleaje tiró a Álvaro de su moto acuática. El hermano del duque de Lugo quedó en el mar solo, a tres horas de distancia del catamarán de apoyo y a muchas millas de la costa. Aunque se sentía agotado físicamente, el aventurero mantuvo la calma e instaló una bomba de achique de alta capacidad que llevaba para situaciones de emergencia. Afortunadamente, la embarcación salió a flote y Álvaro pudo reiniciar su travesía.

Las temperaturas habían bajado y el sol desaparecido pero, tras muchas horas de navegación nocturna, Álvaro pudo llegar al puerto de Nápoles. Allí se llevó una gran sorpresa cuando se encontró con que su madre, Concepción, y su hermano Ignacio le estaban esperando en la costa.

Dos días de reparaciones en Nápoles
La misma tormenta a la que hizo frente Álvaro de Marichalar, causó estragos en el barco de apoyo, que llegó a costa nueve horas más tarde que la moto acuática.

El lunes, la tripulación pasó todo el día reparando el catamarán, y Jesús Escarpa, el mecánico náutico del grupo, revisó la embarcación de Álvaro para comprobar que se encontraba en perfecto estado.

El martes, los protagonistas de Atlantik 2002 ultimaban los preparativos para zarpar, hoy por la mañana, rumbo a Capri y, posteriormente, Sicilia.

La dura experiencia vivida por Álvaro en su primera jornada en la mar, más que amedrentarlo, le ha dado más fuerzas para continuar con su soñada travesía y lograr su ambicioso reto. Así nos lo relataba en sus notas diarias: "Ha sido un aviso de la mar. Me está diciendo lo que me espera. Va a ser durísimo. Tras veinte años pensando en cruzar el Atlántico en la diminuta embarcación en la que me encanta navegar, merece la pena intentarlo. Puedo conseguirlo, pero tengo que tener la cabeza fría. No hay lugar para errores. En la mar se pagan carísimos".

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