10 JULIO 2013

¡Déjate mecer por una hamaca!

Ya los mayas solían mecerse, entre árbol y árbol, sobre hamacas trenzadas a base de fibras naturales. Varios siglos después, continuamos haciéndolo en todo el mundo. ¿Te apuntas?

Cuando nos imaginamos a nosotros mismos en un paradisíaco paisaje,  en una playa del mar Caribe, entre cocoteros o palmeras, con blanquísimas arenas y cristalinas aguas azul turquesa, no es de extrañar que aparezca también una hamaca.
Sí, una ‘rudimentaria’ hamaca colocada entre dos exóticos árboles y en la que tumbarnos a la sombra a siestear —maravilloso verbo relacionado con el verano—. Porque vale que son de apariencia rústica, pero resultan tremendamente cómodas. Y así ha sido desde hace cientos de años.



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Porque no te creas que se trata de un invento novedoso. Ni mucho menos. El origen de la hamaca viene de los indios de América central y del sur. De hecho, los nativos la llamaban —por algo será— “la cuna de los dioses”. Las primeras se elaboraban con la corteza del árbol de Hamack, a modo de red. Probablemente, de ahí el origen etimológico de la palabra.
Fue Colón quién se encargó de traer a Europa este magnífico invento.  Y ya sus marineros lo utilizaron en el viaje de vuelta. Porque, en lugar de dormir en el suelo húmedo y duro, se adormecían unos centímetros por encima, con el balanceo del barco.
Aunque en la Antigüedad se hacían con diversos materiales —incluido el oro, para alabar a los dioses— ahora se emplea, básicamente el algodón o la fibra de poliéster para el tejido. Y el nailon o la cuerda de algodón para los brazos. Se pueden colocar entre dos árboles, como se hacía originariamente. Pero también entre dos paredes o colgando del techo. También existen soportes de madera para colocar las hamacas.



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Si estás interesada en hacerte con una de estas cómodas piezas, puedes hacerlo en diversas tiendas físicas y on line. En Habitat, por ejemplo, las tienes en color naranja; y a rayas blancas y azules. Son de algodón, miden 140x 210 centímetros y cuestan 45 €.
En la web de Westwing puedes encontrar tres propuestas que resultan muy atractivas por el estilo, pero también por el tamaño. Por un lado, la hamaca familiar “Enamorada”, en blanco y con un romántico toque de bordado tipo macramé (226 €). También es muy amplia la hamaca doble Currambrera, en color albaricoque. Qué está disponible en tamaño individual y en color azul, por 89 €.

Y de nuevo una web, Mooimaak, ofrece diversas hamacas. El modelo Joia está disponible en beis, rayas naranjas y rosas y multicolores, por 38 €. Son de algodón resistente a la humedad y los rayos UV, individuales y  miden 140x 200 centímetros.
Nos gusta mucho el modelo 'Orinoco', también de algodón, en colores celeste y marino. Cuenta con una varilla de madera que mantiene abierta la tela. Y los modelos, en blanco, negro y color natural, realizados a base de nudos de cuerda. Su precio oscila entre los 6 y los 15 €.



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En La tienda de las Hamacas encuentras algunos modelos yucatecas que miden más de cuatro metros de ancho; dos de largo y un metro por cada brazo. Cada hamaca es única, porque están hechas a mano. Por eso suele haber ligeras variaciones de una a otra, en cuanto a peso, trama del tejido y por supuesto en cuanto a diseño y mezclas de colores.

Más información:

www.habitat.net/es

www.westwing.es

www.mooimaak.com

www.hamacas.org
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