24 OCTUBRE 2012

Nutrición infantil: ¿es aconsejable obligar a los niños a comer los alimentos que no les gustan?

Los padres ejercen una influencia directa en los hábitos alimenticios de sus hijos. Estos son algunos consejos para promover en los pequeños unas pautas nutricionales adecuadas.

Hoy en día, en Europa, uno de cada cinco niños tiene sobrepeso u obesidad. Obviamente existe una predisposición genética, pero la actividad física y unos hábitos alimentarios adecuados hacen que esa predisposición no derive en un problema real de peso. En este sentido, el papel de los padres resulta fundamental; su influencia es importantísima a la hora que crear unas pautas correctas de nutrición (pautas que, además, casi con toda seguridad acompañarán a niño en su edad adulta).

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El problema es que a veces, los padres, actuando bajo su buena voluntad e intuición, promueven determinados hábitos que, lejos de ayudar, pueden ser incluso contraproducentes (presionar en exceso para que el niño coma determinado alimento; premiarle con un alimento apetitoso si come otros que le gustan menos como verduras o frutas…). Entonces, ¿cómo actuar de forma correcta? Es cierto que cada menor es un mundo y requerirá pautas personalizadas. Pero, aún así, existen una serie de recomendaciones generales que, según diversos estudios, resultan positivas. Así nos las resume el ‘Consejo Europeo de Información sobre la Alimentación’:

  • Dar ejemplo comiendo una amplia variedad de frutas y verduras. Los niños imitan los comportamientos de quienes están a su alrededor y, a esa edad, los padres (y, a veces, los hermanos mayores), son los principales modelos.
  • Proporcionar a los niños una variedad de alimentos ricos en nutrientes, como las frutas y las verduras, empezando desde muy temprano (en el momento en que se introducen los alimentos sólidos).
  • Programar las horas de la comida y comer juntos en familia.
  • Ofrecer nuevos alimentos que sean nutritivos (aunque no sean atractivos a primera vista) entre 5 y 10 veces. Normalmente, los niños rechazan determinados alimentos porque son nuevos para ellos. Es posible que sea necesario ofrecerles varias veces los alimentos que rechazan inicialmente antes de que empiecen a gustarles.
  • Permitir que los niños autorregulen su apetito, es decir, que sepan determinar cuándo tienen hambre y cuándo están llenos.
  • Elogiar a los niños y ofrecerles una recompensa pero que ésta no sea alimenticia como, por ejemplo, una pegatina cuando comen frutas y verduras o cuando prueban un alimento nuevo.
  • Enseñarles que todos los alimentos pueden formar parte de una dieta saludable en las cantidades correctas. No tiene sentido restringir totalmente de la dieta de los niños los alimentos más apetitosos con la esperanza de que terminen eligiendo alternativas saludables porque, a menudo, esto acaba teniendo el efecto contrario.
  • Animar, pero no presionar, a los niños a que coman frutas y verduras. Presionarles de forma estricta suele disuadirlos de comer determinados alimentos. Muchos científicos desaconsejan presionar porque puede crear un entorno alimenticio negativo e impedir que los niños autorregulen su hambre y sensación de saciedad. Así, los padres deberán ser activos en las comidas, pero no dominantes.
  • Ofrecer porciones más grandes de verduras o servir verduras como primer plato.
  • Hacer que las frutas y las verduras sean visualmente atractivas (dandoles formas divertidas o cambiando el método de cocinado).
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