Frescas, congeladas, enlatadas… ¿cómo aportan las verduras más beneficios al organismo?

Cada una de estas maneras de consumo cuenta con ventajas y desventajas

Decir que las verduras resultan beneficiosas para la salud resulta casi de perogrullo… Y es que está más que demostrado que su aporte de vitaminas, minerales, fibra y su escaso aporte calórico nos ayudan a combatir y prevenir diversas enfermedades, entre ellas, las cardiovasculares. De hecho, las recomendaciones nutricionales nos ‘invitan’ a comer entre dos y tres raciones de verdura al día. Y para conseguirlo, una buena idea consiste en combinar el consumo de estos alimentos en sus diferentes ‘formas’ de cocinado y presentación. Y es que, no siempre el estado fresco tiene que ser, por sistema, la mejor alternativa. He aquí algunas pistas que en este sentido nos ofrece EUFIC (Consejo Europeo de información sobre la alimentación):

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VERDURAS FRESCAS:

Las verduras frescas añaden sabor, textura, color y variedad a cualquier plato. Sin embargo, para ofrecer el máximo beneficio nutricional deben ser eso: muy frescas. El tiempo transcurrido desde su recolección hasta llegar a la mesa es, por tanto, esencial en el caso de estas verduras. Dado que muchos minoristas distribuyen los productos desde un punto central, las verduras pueden haber sido recolectadas bastante tiempo antes de que aparezcan en el estante del supermercado. Si añadimos a esto el tiempo que pasan en la nevera o despensa antes de servirlas en la mesa, es inevitable que el contenido nutricional se resienta.

Por ello, cuando adquiramos verduras frescas resultará esencial guardarlas en la nevera y consumirlas lo antes posible. De esta manera, la pérdida de nutrientes se verá reducida.

VERDURAS PROCESADAS:
Las verduras frescas son congeladas o enlatadas para nuestra comodidad y seguridad, pero también para disponer de tiempo suficiente para transportarlas al mercado. 

  • CONGELADAS:
    Las verduras se congelan cuando aún están frescas, normalmente unas horas después de su recolección, conservando todas las propiedades de su estado ‘fresco’. Todas las verduras son escaldadas antes de su congelación, lo cual disminuye el nivel de las vitaminas hidrosolubles menos estables, como las vitaminas B1 y C, así como los antioxidantes. Otros nutrientes se retienen más fácilmente, como las vitaminas liposolubles A y E, y pueden incluso encontrarse más disponibles después de este procesado.

    La ventaja: al tener una vida útil más prolongada que las frescas, se pueden disfrutar en cualquier época del año, independientemente de la temporada
  • ENLATADAS:
    Las verduras en lata tienen el mayor periodo de vida útil de todas. Pueden ser consumidas más de un año después de ser enlatadas, algunas incluso durante más tiempo. Se suelen escaldar ya que ésta es una parte importante de la conservación de las verduras. Dado que también se someten a un tratamiento térmico como parte de su producción, resultan muy similares a las verduras cocinadas.

    Aunque inicialmente se pierden más nutrientes durante el proceso de enlatado que en la congelación, las pérdidas durante el almacenamiento son inferiores que en las verduras congeladas y frescas. Eso sí: quienes tienen que vigilar el consumo de sal en la dieta, deben de tener en cuenta que muchas veces la salmuera forma parte del proceso de conservación de las verduras enlatadas.

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